
El músico, productor y compositor Dave Ball, reconocido por ser la mitad del influyente dúo Soft Cell, falleció a los 66 años en su casa de Londres. La noticia fue confirmada por sus representantes, quienes informaron que el artista “murió pacíficamente en su hogar el miércoles”. Hasta el momento no se revelaron las causas del deceso.
Su compañero y amigo Marc Almond lo despidió con un emotivo mensaje en Instagram: “Gracias, Dave, por ser una parte inmensa de mi vida y por la música que me diste. No estaría donde estoy sin ti”.
Nacido en Chester, Ball creció en Blackpool, donde descubrió su pasión por la música electrónica influido por Kraftwerk y por su padre, ingeniero de sonido. Mientras estudiaba en Leeds Polytechnic, conoció a Almond y juntos formaron Soft Cell en 1978.
Con apenas un préstamo familiar y un grabador de dos pistas, el dúo lanzó el EP Mutant Moments (1980), que los llevó a firmar con Some Bizarre Records. Un año después, su versión del clásico Tainted Love de Gloria Jones se convirtió en un fenómeno mundial: alcanzó el número 1 en Reino Unido y el Top 10 en Estados Unidos, marcando el inicio del synthpop británico de los 80.
El éxito continuó con Non-Stop Erotic Cabaret (1982), un disco que fusionó sensualidad, ironía y oscuridad urbana, y que se transformó en un clásico del género. Tras varios conflictos personales y adicciones, Soft Cell se separó en 1984, aunque Ball siguió explorando nuevos sonidos.
Durante los años siguientes, fundó proyectos como The Grid, ícono de la escena acid house de los 90, y trabajó como productor junto a figuras como Kylie Minogue en Impossible Princess (1997).
El dúo volvió a reunirse en distintas etapas, lanzando Cruelty Without Beauty (2002), Happiness Not Included (2022) y su secuela Happiness Now Completed (2024). Según Almond, ambos habían terminado recientemente un nuevo disco, Danceteria, previsto para 2026.
“Dave estaba feliz, enfocado y orgulloso del trabajo que hicimos. Me consuela saber que llegó a escucharlo completo”, escribió Almond.
Con su muerte, el synthpop pierde a uno de sus arquitectos más visionarios, un artista que ayudó a redefinir la música electrónica británica con sensibilidad, riesgo y elegancia.