BAJADA: Una vez más, la salud de la máxima referente del movimiento nacional y popular se ve afectada por el asedio judicial y las condiciones de detención. Mientras el peronismo se mantiene en alerta, Cristina demuestra la entereza que solo los líderes históricos poseen.
Editorial
En la tarde de este sábado, el pueblo peronista recibió con preocupación la noticia de la internación de Cristina Fernández de Kirchner. La dos veces presidenta y figura central de la resistencia al modelo de ajuste actual, debió ser trasladada al Sanatorio Otamendi tras presentar una dolencia abdominal aguda.
Lo que en cualquier ciudadano sería un trámite médico regular, en el caso de Cristina se convierte en una muestra más del ensañamiento al que es sometida. Resulta inadmisible que, ante una urgencia de salud, se deba esperar el “visto bueno” de un juzgado para que una mujer de 72 años reciba la atención que merece. El régimen de prisión domiciliaria, sumado a la reciente e inhumana decisión de la Corte de mantener el uso de la tobillera electrónica, no solo busca limitar su libertad física, sino también minar su salud.
Una salud marcada por la entrega No es la primera vez que Cristina pone el cuerpo. Desde aquel 2012 con su operación de tiroides, pasando por la intervención craneal en 2013 y la histerectomía en 2021, su historia clínica es, en realidad, un mapa de su entrega al país. Cada crisis de salud ha sido enfrentada con la misma dignidad con la que enfrentó los intentos de proscripción y el magnicidio fallido.
Hoy, la “conductora” se encuentra estable, rodeada del afecto de sus allegados y del apoyo invisible pero estruendoso de millones de militantes que, a lo largo y ancho de la Argentina, elevan una oración o un pensamiento por su pronta recuperación.
El peronismo no la deja sola Desde los sectores más leales del movimiento, el mensaje es claro: con Cristina no se jode. Su salud es la salud de la democracia. Mientras el gobierno de Milei profundiza la brecha social y la justicia intenta recluirla en el silencio, ella sigue siendo el faro que ordena y moviliza.
Esperamos que este cuadro abdominal sea solo un paréntesis en su incansable lucha. Porque como bien sabe el pueblo argentino, las mujeres como Cristina no se doblan ni se rompen; se cuidan, se recuperan y vuelven con más fuerza para defender lo que es justo.