Trabajadores de Soltex en Trelew queman gomas para no morir de frío ni de hambre. Denuncian un perverso vaciamiento patronal mientras la apertura indiscriminada de importaciones del gobierno actual destruye sin piedad la industria nacional. “¡Que nos den la fábrica!”, el grito desesperado de las familias frente a un Estado totalmente ausente.
El humo negro de las cubiertas quemadas tiñe el cielo de Trelew y es el fiel reflejo de una Argentina que se apaga. En la provincia de Chubut, la crisis social y económica ha llegado a un punto de no retorno: los trabajadores de la textil Soltex llevan más de 300 días sin percibir un solo peso de su salario.
Mientras desde los despachos oficiales de la Casa Rosada celebran planillas de Excel y un ajuste brutal que solo cierra con la gente afuera, en la Patagonia hay familias enteras que no tienen para poner un plato de comida en la mesa. Las postales son desgarradoras: operarios llorando de impotencia, acampes a la intemperie, changas para sobrevivir y un profundo temor a quedar en la calle. Este es el verdadero rostro del modelo económico de hambre, desocupación y entrega que está aniquilando la soberanía productiva del país.
Crónica de un vaciamiento anunciado
El drama de Soltex no es un caso aislado, es el síntoma de una enfermedad inoculada por las políticas económicas del actual gobierno. La planta, que supo ser un orgullo de la producción nacional y daba sustento a 50 familias, hoy es un fantasma donde resisten apenas 20 operarios en estado de máxima vulnerabilidad.
“No cobramos hace más de 300 días”, es la bandera que levantan, con las manos curtidas y la mirada cansada, los trabajadores en los piquetes frente a la fábrica.
Los dueños, amparados por el “sálvese quien pueda” que promueve el libre mercado salvaje, no solo dejaron de pagar los sueldos, sino que están llevando adelante un vaciamiento sistemático. Los propios obreros denunciaron movimientos nocturnos y el retiro sigiloso de maquinarias e insumos.
“Nuestro empleador al parecer quiere que nos vayamos o iniciemos juicio para que nunca nos pague, empujados por el hambre”, denuncian. Es la clásica maniobra de los grupos concentrados: asfixiar al trabajador, quebrar su voluntad y liquidar los activos mientras el Ministerio de Trabajo hace la vista gorda.
La “motosierra” contra la Industria Nacional
Lo que ocurre en Trelew expone el fracaso rotundo de una política económica diseñada para destruir el trabajo argentino. El cóctel es letal:
- Caída histórica del consumo interno: El poder adquisitivo de los argentinos está pulverizado. No hay plata, no hay compras, no hay producción.
- Apertura indiscriminada de importaciones: Las fronteras abiertas de par en par para que ingresen productos textiles de descarte del exterior, compitiendo de manera desleal y asesinando a las pymes locales.
- Tarifazos y asfixia financiera: Mantener una máquina encendida es hoy un lujo que pocos pueden pagar.
Los datos respaldan la tragedia. Según la Fundación Pro Tejer, la industria textil y de indumentaria atraviesa el peor derrumbe de la actividad y del empleo en años. Las fábricas operan muy por debajo de su capacidad instalada, en lo que ya se configura como un verdadero industricidio planificado.
“¡Que nos den la fábrica!”: El sueño de la gestión obrera
Ante la desidia patronal y el abandono total de un Estado Nacional que desprecia la justicia social, los trabajadores han tomado una decisión inquebrantable: no van a entregar su fuente de trabajo.
Durante las masivas movilizaciones en la ciudad chubutense, exigieron la intervención urgente tanto de la municipalidad de Trelew como del gobierno provincial. Pero fueron un paso más allá, demostrando que la dignidad del movimiento obrero está intacta. Ante el vaciamiento empresario, los operarios exigen la cesión de las instalaciones:
“Que nos den la fábrica”, reclamaron a viva voz.
Los trabajadores, acompañados por la Asociación Obrera Textil (AOT), aseguran que las máquinas funcionan y que la capacidad productiva está intacta. Hay manos dispuestas a trabajar, hay conocimiento y hay voluntad de levantar el país. Solo falta la decisión política de frenar el saqueo y proteger a los que verdaderamente producen la riqueza de la Nación.
¿Hasta cuándo el gobierno seguirá mirando para otro lado mientras las familias trabajadoras caen en la indigencia? La bomba de tiempo social ya está encendida en el Sur, y el reloj, que ya marca 300 días de agonía, no perdona.