La inflación en CABA fue del 1,8% en junio y acumuló una suba del 32,6% en los últimos doce meses. Aunque el número muestra una desaceleración mensual, la realidad que enfrentan las familias porteñas sigue siendo mucho más dura que cualquier comunicado oficial.
El dato puede ser presentado como una mejora, pero en la calle se vive de otra manera. Los alimentos, los alquileres, la salud, el transporte y los servicios básicos continúan subiendo, mientras los salarios corren desde atrás y el ajuste del gobierno nacional sigue golpeando sobre los sectores medios y trabajadores.
Según el informe oficial del Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires, el registro de junio fue menor al 2,1% de mayo y marcó la tercera baja mensual consecutiva. Sin embargo, esa desaceleración no alcanza para aliviar una crisis cotidiana que se siente en la góndola, en la farmacia, en el alquiler y en cada factura que llega al hogar.
Alimentos, vivienda y salud: el ajuste se mete en la vida diaria
Los bienes aumentaron 1,5% durante junio, mientras que los servicios subieron 2%. Esa diferencia muestra un problema central: lo que no se puede dejar de pagar, como el techo, la salud, el transporte o los servicios de la casa, sigue presionando fuerte sobre el presupuesto familiar.
Entre los alimentos, las mayores subas se registraron en verduras, panificados y lácteos. También aumentaron medicamentos, combustibles, automóviles y productos de limpieza. Es decir, no se trata de gastos de lujo, sino de consumos básicos que forman parte de la vida diaria de cualquier familia.
La división vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 2,2% y fue uno de los rubros que más empujó el índice mensual. Alquileres, tarifas de agua y gastos comunes volvieron a convertirse en una carga pesada para miles de hogares que ya vienen ajustando todo lo posible.
Alimentos y bebidas no alcohólicas treparon 1,6%, con un salto del 5,9% en verduras, 2% en pan y cereales, y 1,7% en lácteos. Para los sectores populares, estos aumentos no son números técnicos: son menos comida en la mesa, compras más chicas y changuitos cada vez más vacíos.
La salud también golpea: prepagas y medicamentos en alza
El rubro salud registró una suba del 2,9%, impulsado principalmente por los ajustes en la medicina prepaga. En un contexto de salarios deteriorados, cada aumento en este sector pone a muchas familias frente a una decisión angustiante: pagar la cobertura médica o recortar otros gastos esenciales.
Transporte también subió 2,1%, empujado por los nuevos valores de colectivos, subte y tren. Para quienes se trasladan todos los días para trabajar, estudiar o buscar changas, cada incremento impacta directamente en el ingreso disponible.
Equipamiento y mantenimiento del hogar tuvo una suba todavía más fuerte, con un incremento del 4,1%. Allí influyeron los salarios del personal doméstico y los productos de limpieza, dos componentes que vuelven a mostrar cómo la inflación se mete en cada rincón de la economía doméstica.
La única división que mostró una baja fue prendas de vestir y calzado, con una caída del 0,7%. Pero ese dato también puede leerse como una señal preocupante: cuando la gente no llega a fin de mes, lo primero que posterga es la compra de ropa, calzado y otros consumos no urgentes.
Una inflación que baja en los papeles, pero no en la vida real
El acumulado de inflación en 2026 llegó al 16% en la Ciudad, mientras que la variación interanual alcanzó el 32,6%. Los rubros que más explicaron ese avance fueron vivienda, alimentos, transporte, restaurantes y hoteles, que concentraron el mayor peso de la suba general.
En la comparación de los últimos doce meses, carnes y derivados aumentaron 40,6%, verduras subieron 36,2% y panificados avanzaron 28,3%. Estos incrementos afectan de manera directa la canasta básica y muestran que la supuesta estabilidad todavía no llegó al plato de los trabajadores.
El informe también detalló precios medios que reflejan la dureza del momento. El kilo de pan francés tipo flauta promedió 4.505,95 pesos, el litro de leche entera llegó a 1.896,07 pesos y el kilo de asado alcanzó 18.638,54 pesos. Son valores que explican por qué tantas familias sienten que el sueldo se evapora apenas cobran.
Mientras el gobierno nacional insiste en mostrar la desaceleración como un triunfo económico, la sociedad enfrenta otra realidad. La inflación puede bajar algunas décimas, pero si los precios esenciales siguen subiendo y los ingresos no se recuperan, el resultado es el mismo: pérdida de poder adquisitivo y más angustia social.
La verdadera discusión no pasa solo por el porcentaje mensual, sino por quién paga el costo del modelo económico. En la Ciudad de Buenos Aires, junio volvió a dejar una señal clara: el ajuste sigue cayendo sobre los hogares, y la emergencia social todavía está lejos de terminar.