El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, reafirmó el respaldo de Washington al programa económico del presidente argentino Javier Milei, calificando a Argentina como un “buen ejemplo” de implementación de reformas estructurales. Durante un evento del Instituto de Finanzas Internacionales, Bessent subrayó que el país está logrando avances significativos y merece el apoyo continuo del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Bessent enfatizó que los préstamos del FMI son esenciales cuando se utilizan de manera responsable, ya que facilitan recursos a países que implementan reformas económicas para resolver problemas de balanza de pagos y fomentar el crecimiento. Sin embargo, advirtió que el FMI debe exigir responsabilidad a los países y no está obligado a prestar a aquellos que no implementan reformas efectivas.
En una reunión reciente en Buenos Aires, Bessent se reunió con el presidente Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, para expresar su apoyo al plan económico argentino. Destacó que el gobierno ha implementado ajustes fiscales, monetarios y cambiarios significativos, y que el FMI ha asignado 20.000 millones de dólares al país, mientras que el Banco Mundial ha comprometido 12.000 millones de dólares.
Además, Bessent mencionó la posibilidad de que Estados Unidos ofrezca una línea de crédito a Argentina a través del Fondo de Estabilización Cambiaria en caso de un shock económico externo, siempre que el gobierno argentino mantenga su rumbo actual de reformas. Esta declaración refuerza el compromiso de Estados Unidos con la estabilidad económica de Argentina y su apoyo a las políticas implementadas por la administración de Milei.
Sin embargo, este respaldo internacional también despierta preocupaciones. Mientras el gobierno argentino celebra los elogios de Washington, la realidad cotidiana de millones de argentinos se ve marcada por el ajuste: salarios que pierden poder adquisitivo, recortes en áreas sensibles como salud y educación, y un aumento de la pobreza. El apoyo del FMI, lejos de ser un gesto desinteresado, responde a la lógica histórica del organismo: sostener programas de reforma que muchas veces priorizan el equilibrio fiscal a cualquier costo, sin atender suficientemente las consecuencias sociales de estas políticas.