Red Bull encendió todas las luces rojas antes de que empiece la nueva era de la Fórmula 1. A meses del debut del reglamento 2026, el jefe del equipo, Laurent Mekies, lanzó una advertencia inquietante: el inicio de la temporada podría convertirse en una verdadera pesadilla para la escudería campeona.
Con la decisión —calificada como “la más loca posible”— de fabricar por primera vez su propia unidad de potencia junto a Ford, Red Bull se mete de lleno en un terreno dominado históricamente por gigantes como Mercedes y Ferrari. Y el propio Mekies lo admitió sin vueltas: vienen “meses muy, muy difíciles”, con noches sin dormir y más de un dolor de cabeza.
El panorama no es alentador. En el paddock ya se habla de un Red Bull que podría arrancar por detrás, mientras Mercedes aparece mejor posicionado para capitalizar el cambio de reglas. A eso se suma una reestructuración interna profunda, con salidas clave, un nuevo mando directivo y la presión de sostener a Max Verstappen en medio de la incertidumbre.
Lejos de la soberbia de otros tiempos, en Red Bull ahora reina la cautela. La nueva era todavía no empezó, pero el equipo más dominante de los últimos años ya admite que el golpe puede ser duro. Y en la Fórmula 1, cuando el campeón duda, los rivales huelen sangre.