¿SALUD PARA POCOS? EL GOBIERNO DE MILEI ROMPE CON LA OMS Y DEJA A LA ARGENTINA A LA DERIVA SANITARIA

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En un nuevo capítulo de la entrega de soberanía y el aislamiento internacional, el Ejecutivo formalizó la salida de la Organización Mundial de la Salud. Mientras el pueblo sufre el ajuste, la Casa Rosada prioriza la ideología de derecha por sobre la prevención de enfermedades y el apoyo técnico global. ¿Qué pasará con nuestras vacunas?


La Argentina de la “libertad” sigue sumando manchas negras en el mapa del mundo. En un movimiento que genera escalofríos en la comunidad médica y alarma en los sectores más vulnerables, el gobierno nacional oficializó ayer la salida definitiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tras un año de amagues y siguiendo el libreto que le dictan desde el norte, la gestión actual decidió soltarle la mano al organismo sanitario más importante del planeta, dejando al país en una soledad peligrosa.

Bajo la excusa de un supuesto “ahorro” de entre 4 y 5 millones de dólares —una cifra irrisoria comparada con los beneficios que se pierden—, el oficialismo profundiza su plan de desguace del Estado, que ahora trasciende las fronteras. El argumento oficial es el “malestar” por el manejo de la pandemia, pero entre pasillos se sabe la verdad: es un guiño ideológico a los sectores más reaccionarios del mundo, justo tras la visita del polémico Robert Kennedy Jr.

¿Soberanía sanitaria o capricho ideológico?

El doctor Guillermo Capuya, en declaraciones que intentan poner un manto de piedad sobre una decisión catastrófica, admitió que Argentina contribuye con “muy poco dinero” a la OMS. Sin embargo, lo que no dicen desde el entorno presidencial es que salir de la organización significa perder el acceso directo a asistencia técnica de vanguardia y quedar fuera de los protocolos globales de emergencia en un mundo donde las epidemias no piden permiso.

“Posiblemente te falte asistencia técnica”, reconoció Capuya, intentando suavizar un golpe que afectará directamente a la vigilancia epidemiológica del país. Mientras el Gobierno celebra este “aislamiento estratégico”, los hospitales públicos siguen sin insumos y la salud deja de ser un derecho para convertirse en un lujo.

La OPS: El último salvavidas (por ahora)

Lo único que evita que la Argentina caiga en un abismo sanitario total es la permanencia en la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Gracias a este esquema regional, todavía se podrá acceder al Fondo Rotatorio para la compra de vacunas. Es decir, seguimos comprando barato porque nos colgamos del saco de gigantes como Brasil.

Pero la pregunta que recorre las barriadas populares es una sola: ¿Hasta cuándo? Con un Gobierno que desprecia lo público y que mira con cariño la privatización de cada centímetro del Estado, el temor a que también se dinamiten los puentes con la OPS está latente.

Un modelo que castiga a los que menos tienen

Esta salida de la OMS no es un hecho aislado. Es parte de un ajuste feroz que ya cortó medicamentos oncológicos, frenó la entrega de leche y desmanteló programas de prevención. Para el gobierno, la salud parece ser un “gasto” y no una inversión. Prefieren los acuerdos bilaterales a dedo y la “información en tiempo real” de internet antes que el respaldo científico de una red global.

Argentina se retira del escenario mundial de la salud justo cuando más se necesita cooperación. Una vez más, el pueblo queda de rehén de una política que prioriza el marketing político y el odio a las instituciones internacionales por sobre el bienestar de 46 millones de argentinos.

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