La reforma laboral del Gobierno sumó media sanción en el Senado y ya genera fuerte polémica. El punto más cuestionado es el “banco de horas”, un sistema que podría cambiar la forma en que se pagan —o se dejan de pagar— las horas extra.
Hasta ahora, trabajar más de 8 horas diarias o 48 semanales implicaba un recargo del 50% en días hábiles y del 100% en fines de semana y feriados. Con el nuevo artículo 197 bis, esas horas podrán compensarse con días libres en lugar de cobrarse en dinero.
El esquema deberá pactarse por escrito entre empleador y trabajador. También permite extender la jornada hasta 12 horas diarias, siempre que se respeten 12 horas de descanso entre turnos.
Desde el oficialismo aseguran que el banco de horas brinda flexibilidad y alivio de costos para las empresas. Sin embargo, sindicatos y especialistas advierten que podría afectar el salario real de quienes dependen de las horas extra para completar sus ingresos.
La reforma laboral también incluye vacaciones fraccionadas, salarios atados al rendimiento e indemnizaciones en cuotas para PyMEs.
Mientras el proyecto avanza hacia Diputados, crece la preocupación: ¿flexibilidad laboral o pérdida de derechos? El debate recién empieza y el impacto en el bolsillo es la principal incógnita.