La ciudad que nunca duerme ahora parece un velorio. El consumo por el piso, los costos por las nubes y un Gobierno que mira para otro lado mientras las pymes se desangran. En apenas dos meses, la cantidad de negocios cerrados explotó y hay zonas donde caminar es ver un cartel de “Alquila” tras otro. ¿Hasta cuándo tiran de la soga?
El “veranito” que intenta vender el oficialismo no llega a las veredas de la Ciudad de Buenos Aires. Mientras en los despachos oficiales hablan de números que solo ellos ven, la realidad en la calle golpea con la fuerza de una maza: los locales vacíos aumentaron un escandaloso 43,4% en solo dos meses.
Según el último informe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), ya son 284 las unidades comerciales que bajaron la persiana o están colgadas de un cartel de inmobiliaria. Si comparamos esta catástrofe con el año pasado, el salto es del 38,5%. Traducido al criollo: el comercio minorista se está muriendo y nadie hace nada para evitarlo.
Las avenidas de la desolación
Caminar por las arterias principales de la Capital se volvió un ejercicio de tristeza. La Avenida Corrientes, otrora orgullo porteño, lidera el ranking del fracaso con 68 locales fantasma. Le sigue Rivadavia con 63 y la Avenida Santa Fe con 58.
Pero lo más aterrador es la velocidad del derrumbe:
- Avenida Cabildo: ¡Un salto del 177,8% en locales vacíos!
- Avenida Avellaneda: Un incremento del 160%.
- Avenida Santa Fe: Subió un 75,8% su tasa de abandono.
“Es imposible. Entre el alquiler que no para de subir, la luz que es un impuestazo constante y la gente que no tiene un peso en el bolsillo, aguantar es un milagro”, confesó a este medio un comerciante que está a días de cerrar su local de ropa en Flores.
Un Gobierno que “no la ve” y el consumo en terapia intensiva
La crisis no es casualidad, es causalidad. La CAME confirmó que las ventas minoristas pymes se desplomaron un 5,6% en febrero. En el acumulado del año, la caída ya supera el 5%. La gente no compra porque no puede: el dinero se va en comida y tarifas, dejando sectores como Bazar y Muebles (-14,4%) o Perfumería (-10,7%) en un estado de parálisis total.
El único rubro que zafó raspando fue Farmacias, y apenas un 0,3%. Claro, la gente se enferma de los nervios de ver cómo el país se cae a pedazos mientras desde el Gobierno siguen festejando planillas de Excel que no alimentan a nadie.
El mercado inmobiliario, en llamas
El dato más revelador de la falta de confianza en el rumbo económico es el de los locales en alquiler, que se dispararon un 158,8% respecto al año pasado. Nadie quiere alquilar, nadie puede mantener un negocio abierto. Los propietarios están desesperados, pero con una inflación que devora el poder adquisitivo y una presión impositiva que es un asalto a mano armada, el destino parece sellado.
Buenos Aires se apaga. Entre locales tapiados, persianas oxidadas y calles vacías de clientes, la gestión actual está logrando lo que pocos pudieron: transformar la capital comercial de Sudamérica en un triste museo del recuerdo.