La “libertad” llegó, pero solo para los precios. Un informe privado confirma la catástrofe social que el Gobierno intenta ocultar: cinco meses consecutivos de caída libre en el consumo. Heladeras vacías, changuitos famélicos y la clase media empujada al abismo de las marcas económicas mientras el poder adquisitivo se pulveriza.
No es una sensación térmica, es la cruda realidad que el oficialismo pretende tapar con planillas de Excel y discursos de TikTok. Los datos del informe Consumer Insights de Worldpanel by Numerator son una bofetada al relato oficial: la Argentina del 2026 es un país donde comer se volvió un lujo de pocos.
La “Motosierra” llegó a la mesa de los argentinos
El cierre de 2025 fue el preludio del desastre que hoy, 30 de marzo de 2026, golpea en cada rincón de la patria. El consumo en los hogares no solo cayó; se desplomó un 4,7% en volumen durante el último trimestre, mientras que la frecuencia de compra bajó un estrepitoso 8,2%. ¿Qué significa esto en criollo? Que los trabajadores ya no pueden ni ir al supermercado.
“Los argentinos no dejaron de consumir porque quisieron, sino porque ya no les alcanza. El modelo de exclusión está logrando lo que prometió: un país para pocos donde la mayoría tiene que elegir entre pagar la luz o comprar un litro de leche.”
Los datos de la infamia
El informe técnico es la radiografía de un país en retirada. La gestión actual ha logrado lo impensado: un retroceso sistemático que destruye el mercado interno.
- 5 meses consecutivos de caída libre en el consumo.
- 41% de las categorías de productos registraron bajas históricas en volumen.
- 12,7% de derrumbe en las ventas de los mayoristas, el último refugio del ahorro familiar.
- 8,9% de caída en hipermercados, que se vacían ante la falta de guita en el bolsillo.
De la primera marca al “veremos qué hay”
El hábito de consumo cambió por la fuerza del hambre. El informe destaca una polarización salvaje. Mientras los sectores más ricos mantienen sus privilegios, los sectores populares y la clase media trabajadora han tenido que abandonar sus marcas de toda la vida para volcarse a opciones de supervivencia.
Las marcas mainstream —esas que acompañaron a la familia argentina por décadas— están desapareciendo, reemplazadas por segundas y terceras marcas que son el único salvavidas ante una inflación que no da tregua y salarios que quedaron anclados en el pasado.
Un 2026 de incertidumbre y dolor
Según Esteban Cagnoli, titular de la consultora, la tendencia se profundizará. Los hogares ya no “despachan”, ahora administran la miseria. Las visitas al súper son más espaciadas y las canastas son cada vez más pequeñas.
Lo que el Gobierno celebra como “ordenamiento macroeconómico” es, en realidad, la desintegración del bienestar social. El autoservicio de barrio es el único que resiste como puede, mientras que los grandes centros de compra se convierten en museos de precios inalcanzables.
La pregunta que el Gobierno no quiere responder es simple: ¿Hasta cuándo va a aguantar el pueblo este saqueo planificado a su mesa diaria? Por ahora, la única “libertad” que crece en Argentina es la libertad de pasar hambre.