La industria textil argentina atraviesa una crisis profunda. La empresa Emilio Alal, fundada en 1914, confirmó el cierre de sus plantas en Corrientes y Chaco, lo que provocó el despido de 260 trabajadores.
Según informó la compañía, la decisión se tomó por el contexto económico adverso, la caída del consumo interno y la apertura de importaciones, factores que afectaron la competitividad de la producción nacional.
Desde la firma señalaron además los altos costos laborales, financieros y energéticos, junto con la elevada carga impositiva, como elementos determinantes para el cierre definitivo de las fábricas.
El caso de Emilio Alal se suma a otros cierres recientes en el sector textil, como Grupo Dass, Eseka S.A. y TN & Platex, que redujeron personal o cerraron plantas en distintas provincias.
Datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas indican que la actividad cayó 24% interanual, mientras que la capacidad instalada se ubica en torno al 32%, niveles similares a los de la pandemia.
En este escenario, la falta de políticas para proteger la industria nacional acelera el cierre de empresas y la pérdida de empleo en uno de los sectores más afectados por la recesión.