Desocupación en la era Milei: dejó provincias en terapia intensiva laboral

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Mientras el relato oficial insiste en hablar de brotes verdes y recuperación, los propios números del INDEC muestran una radiografía mucho más cruda: hoy hay más desocupados que antes de la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada y el mapa laboral se convirtió en una bomba de tiempo social con ganadores aislados y distritos directamente devastados.

La tasa nacional trepó del 5,4% al 6,3% en dos años. Traducido al lenguaje de la calle: miles de argentinos que antes tenían trabajo ahora engrosan la fila eterna de los que buscan y no encuentran. Y lo más alarmante es que el deterioro no fue parejo: hay provincias donde el mercado laboral implosionó.

Provincias en caída libre

El caso más brutal es Santa Cruz. Pasó de ser uno de los distritos con menos desocupación a liderar el ranking nacional. El salto de 1,8% a 10,7% es un mazazo que expone el impacto del ajuste y la paralización económica en el interior profundo.

El podio del derrumbe lo completan Chaco, donde el desempleo prácticamente se duplicó, y Formosa, que también sufrió un deterioro fuerte. A ese lote se suma Santa Fe, otro motor productivo golpeado, y la provincia de Buenos Aires, que volvió a quedar atrapada en la lógica de más pobreza y menos trabajo.

La Ciudad de Buenos Aires, vidriera del modelo, tampoco pudo escaparle al deterioro: el desempleo creció y dejó en evidencia que la promesa de reactivación todavía no llegó al mundo real.

El “otro país” que muestra el Gobierno

En contraste, apenas nueve jurisdicciones lograron mejorar sus indicadores. Entre Ríos encabezó la lista con una baja importante, seguida por San Luis y Río Negro. También Córdoba mostró una leve recuperación.

Pero estos casos aparecen como islas en un océano de retroceso laboral.

Un ranking que desnuda el fracaso

El cambio en la tabla es tan drástico como simbólico: Santa Cruz pasó del fondo al primer puesto de desocupación, mientras que las provincias con menos desempleo hoy son San Luis, Río Negro y San Juan.

La conclusión es incómoda para el discurso oficial: el país que prometía una lluvia de inversiones y una revolución del empleo muestra, en los datos duros, más argentinos sin trabajo que hace dos años y regiones enteras que quedaron al borde del colapso social.

Porque detrás de cada décima que sube hay familias que ya no llegan a fin de mes. Y ese es el costo real del experimento libertario.

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