Mientras el gobierno de Javier Milei insiste con el ajuste y la austeridad, el Ministerio de Economía avanza en negociaciones reservadas para autorizar una nueva emisión de deuda de la provincia de Tucumán. El movimiento choca de frente con el discurso oficial que promete “romper” con Wall Street y reducir el endeudamiento.
La reunión clave se realizó el lunes 22 de diciembre en el Palacio de Hacienda. Allí, funcionarios nacionales recibieron a enviados del gobernador Osvaldo Jaldo para analizar la posibilidad de que la provincia salga a buscar financiamiento. Todo se manejó con bajo perfil, mientras hacia afuera se repite que “no hay plata” y se exige sacrificio a la sociedad.
La contradicción es evidente. El propio Luis Caputo criticó públicamente a las provincias por tomar deuda, asegurando que no generan dólares y que luego terminan reestructurando sus compromisos. Sin embargo, cuando la conveniencia política aparece, esas advertencias parecen quedar en segundo plano.
El contexto no es menor: las negociaciones coincidieron con el conteo de votos en el Senado para aprobar el Presupuesto 2026 y la ley de “Inocencia Fiscal”. Tucumán aportó votos clave para el oficialismo, reforzando la sospecha de que el ajuste también se negocia con favores y acuerdos silenciosos.
El doble estándar se profundiza al recordar que Milei celebró sin reparos la emisión de deuda de la Ciudad de Buenos Aires, elogiando a Jorge Macri y hablando de una “Argentina próspera”, mientras cuestiona a otras provincias por intentar el mismo camino.
Más allá del relato libertario, la realidad muestra a un gobierno que sigue recurriendo a las viejas recetas. Se promete independencia financiera, pero se habilita más deuda. El ajuste baja, las contradicciones suben y el cambio anunciado empieza a desdibujarse.