El nuevo esquema de bandas cambiarias vuelve a poner al dólar en el centro de la escena y deja expuestas las contradicciones del plan económico del Gobierno. Con una inflación de diciembre del 2,8%, el tipo de cambio mayorista podrá trepar hasta los $1.607 en febrero sin que el Banco Central intervenga.
El dato surge del propio mecanismo oficial, que ajusta el techo del dólar según la inflación, pero con dos meses de atraso. En la práctica, cuando los precios ya subieron, el dólar recibe vía libre para acompañarlos, alimentando expectativas de devaluación y presión sobre los precios.
Desde el Gobierno hablan de “previsibilidad”, pero el mercado desconfía. El BCRA solo promete actuar si el dólar supera el límite de la banda, mientras tolera una cotización cada vez más alta. Para marzo, el techo ya se ubicaría cerca de los $1.639.
Aunque el Central celebra compras de reservas, gran parte del alivio proviene de factores externos y no de una mejora real de la economía. En ese contexto, la pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo podrá sostenerse este esquema sin que el dólar vuelva a descontrolarse y el costo recaiga, una vez más, sobre la gente?