Mientras el Gobierno insiste en mostrar una inflación “controlada”, los precios en las góndolas cuentan otra historia. En el inicio de enero, la suba de los alimentos volvió a acelerarse y pone en duda la posibilidad de perforar el 2% mensual en el corto plazo.
Luego de cerrar diciembre con un 2,8%, la inflación de enero arranca presionada por un fuerte aumento en alimentos y bebidas, que el mes pasado ya habían trepado 3,1%. Lejos de moderarse, los incrementos continúan y golpean de lleno al consumo básico.
Según la consultora LCG, en la segunda semana del mes los alimentos subieron 0,5%, impulsados principalmente por las verduras, que aumentaron 2,1%. También se registraron subas en aceites, lácteos, huevos y carnes. Otras mediciones privadas, como Analytica y EcoGo, confirman el mismo escenario y proyectan para enero una inflación general cercana al 2,5%.
Pese a este panorama, el Gobierno apuesta a cambios en la medición del IPC que reducen el peso de los alimentos en el índice oficial, una jugada técnica que no se traduce en alivio para los hogares. A esto se suma la postergación de ajustes tarifarios, que solo patea el problema hacia adelante.
En síntesis, el arranque de 2026 repite una postal conocida: precios en alza, salarios que no alcanzan y un relato oficial cada vez más alejado de la realidad que viven millones de argentinos.