En el peor momento político de su gestión, cuando la Casa Rosada arde por el escándalo de la ANDIS y la oposición redobla la presión, Javier Milei decidió jugar una carta explosiva: viajar a Estados Unidos para reunirse con empresarios de peso en Los Ángeles y Las Vegas.
El Presidente partirá en las próximas horas y regresará apenas un día antes de que los bonaerenses definan las urnas, en unos comicios que se presentan como un verdadero termómetro del poder del oficialismo. La jugada, audaz y arriesgada, podría cambiarlo todo.
Mientras el país atraviesa una tormenta institucional y los reclamos crecen, Milei pone el foco en seducir capitales extranjeros. La decisión de abandonar el país en medio de semejante clima político genera un fuerte revuelo: para algunos, se trata de una maniobra estratégica que busca mostrar liderazgo global; para otros, una peligrosa distracción que puede costar muy caro.
El telón de fondo es explosivo. El Gobierno viene de sufrir derrotas legislativas, sus principales decretos fueron frenados, y la crisis en el área de discapacidad encendió la indignación social. A todo esto se suma la interna política, que amenaza con desgastar aún más la figura presidencial.
Ahora, la gran incógnita es si este viaje relámpago servirá para darle oxígeno al Gobierno o si, por el contrario, terminará siendo interpretado como una fuga en plena tormenta. El regreso está previsto para el 6 de septiembre. Al día siguiente, los bonaerenses hablarán en las urnas.
La apuesta es total: Milei busca votos en Argentina y confianza en el mundo, pero el riesgo es altísimo. ¿Volverá como el presidente que conquistó a los empresarios más poderosos o como el mandatario que se ausentó en el momento más crítico?