¡INDIGNANTE! ESTAFÓ A TODO UN JARDÍN EN ALEJANDRO KORN Y SE FUMÓ LA PLATA DE LAS CAMPERITAS: “LA USÉ PARA VIVIR”

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Mientras el Gobierno de Milei asfixia a los trabajadores con tarifazos y despidos, el sálvese quien pueda llega a las aulas. Una madre del Jardín 902 le robó la ilusión a nenes de 5 años: se quedó con un palo y medio y presentó comprobantes truchos. “Jugó con los pibes”, denuncian los padres.


La crisis moral y económica que atraviesa la Argentina de la “libertad” —donde la crueldad parece ser la única política de Estado— acaba de sumar un capítulo nefasto en la localidad de Alejandro Korn. En un contexto donde llegar a fin de mes es una odisea para la clase obrera, una mujer decidió que la solución a sus problemas era manotear la caja de los más vulnerables: los nenes de 5 años del Jardín de Infantes N° 902 “Berta Lasalle”.

La denuncia, que ya circula con furia en las redes sociales, apunta contra una madre que se ofreció “voluntariamente” (un lobo con piel de cordero) para manejar la plata de las camperas de egresados. El botín de la traición asciende a $1.500.000, una cifra que las familias juntaron con un esfuerzo sobrehumano, privándose de gustos básicos en medio de una inflación que no da tregua.

El cuento del “hackeo” y los comprobantes de cotillón

Todo saltó por los aires cuando llegó el momento de liquidar la última cuota con la fábrica. Ahí empezó el show de las excusas: la mujer alegó que le habían “hackeado el celular” y que no podía transferir. Un verso que duró poco.

Las madres, movidas por el instinto y la desesperación, fueron directo a la empresa y se desayunaron con la peor noticia: la estafadora solo había pagado una seña de miseria de $45.000. El resto de la guita, el millón y medio que los padres pagaron cuota a cuota, se esfumó.

“Llegó al jardín con comprobantes truchos. Eran burdos: números pegados, sin marca de agua de Mercado Pago, un desastre. Nos tomó por estúpidos”, disparó Magalí C., una de las damnificadas, en diálogo con la prensa local.

La confesión: “Me la gasté”

Cansados de las mentiras, un grupo de padres fue hasta la casa de la mujer para exigir respuestas. Acorralada y sin el escudo de las redes sociales, la acusada no tuvo más remedio que confesar la bajeza: admitió que se gastó la plata.

Mientras el Gobierno nacional pregona el individualismo y recorta fondos para la educación y el desarrollo infantil, esta mentalidad de “el dinero es mío y no me importa el de al lado” parece haber calado hondo. El resultado es devastador: 19 camperas sin terminar y 5 que ni siquiera fueron encargadas.

Sueños rotos en la era del ajuste

“Es muy injusto. Juntamos la plata peso sobre peso. Eran las camperitas para el momento más lindo de su infancia y hoy está todo arruinado”, lamentaron las familias. Con el costo de vida por las nubes, volver a juntar un millón y medio de pesos es, para estas familias trabajadoras, una misión imposible.

Este caso hace eco de lo ocurrido hace poco en Misiones, donde otra “madre” se alzó con 17 millones de una fiesta de egresados. Parece que en la Argentina actual, la solidaridad está siendo reemplazada por la estafa, alentada por un clima social donde el de arriba pisa al de abajo.

¿Qué hará la Justicia con esta “roba-ilusiones”? ¿Quién le devuelve la alegría a los nenes del 902? Por ahora, solo queda la bronca y un barrio que ya la marcó como persona no grata.

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