Gaza sin combustible: el colapso humanitario que interpela al orden mundial

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Lo que ocurre hoy en Gaza no es solo una crisis humanitaria; es una catástrofe geopolítica que expone los límites del derecho internacional y las complicidades de un sistema global que permite, financia y justifica el sufrimiento de una población civil sitiada. Mientras la Franja se queda sin combustible —condición básica para que funcionen hospitales, plantas de agua y refugios—, el mundo asiste con indiferencia al que ya se considera el conflicto con mayor mortandad infantil del siglo XXI.

Según UNICEF, en dos semanas la ONU agotará sus reservas de combustible en Gaza, lo que implicará un colapso total del sistema de asistencia. Las incubadoras de bebés dejarán de funcionar, se suspenderán las operaciones en quirófanos y el agua potable será imposible de producir. En medio de temperaturas extremas y hacinamiento, la Franja se convierte en un campo de exterminio progresivo, silencioso y sistemático.


Un sitio prolongado, una masacre normalizada

Desde octubre de 2023, Israel mantiene un bloqueo absoluto sobre Gaza, impidiendo el ingreso de ayuda humanitaria básica. Esta decisión —justificada por Tel Aviv como una respuesta al ataque de Hamas— ha sido respaldada tácitamente por Estados Unidos y sus aliados, quienes priorizan la alianza estratégica con Israel por encima de cualquier principio humanitario.

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El control total sobre la electricidad, el agua y los alimentos ha sido transformado en una herramienta militar de castigo colectivo, prohibida por el derecho internacional. La relatora especial de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, ha calificado este proceso como un genocidio en curso, al que se suman tácticas nuevas como el uso del hambre, la exposición al calor extremo y el encierro en campos improvisados sin recursos ni salida.


¿Dónde está el sistema internacional?

La guerra en Gaza no es un evento aislado. Es la prueba más cruda de cómo el orden internacional se rompe cuando el agresor cuenta con legitimidad geopolítica. A pesar de las denuncias de Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional y decenas de ONGs, ningún embargo, sanción ni medida concreta ha sido tomada contra Israel. Por el contrario, se han bloqueado votaciones clave en el Consejo de Seguridad, bajo presión de EE. UU.

Este doble estándar debilita la credibilidad del derecho internacional humanitario. Si Gaza no es suficiente para activar los mecanismos de protección de civiles, ¿qué lo será?. La doctrina de los derechos humanos, construida tras la Segunda Guerra Mundial como antídoto frente al horror, parece haber sido suspendida selectivamente.


El rol de las grandes potencias

La situación en Gaza también deja al descubierto la hipocresía de la política exterior de las potencias occidentales, que denuncian crímenes de guerra en otras regiones pero financian o encubren los que comete su aliado estratégico en Medio Oriente. En este contexto, Estados Unidos aparece como un actor clave y a la vez responsable directo, no solo por su apoyo militar y diplomático, sino por no utilizar su influencia para exigir un cese al fuego inmediato.

La posibilidad de una tregua ahora depende exclusivamente de la presión que Donald Trump —recién regresado a la Casa Blanca— decida ejercer sobre Netanyahu. En otras palabras, el fin de una tragedia humana depende del cálculo electoral de un presidente extranjero.


Una niñez destruida: la fractura ética del presente

Gaza es hoy el lugar con más niños amputados per cápita en el mundo. UNICEF denuncia que más de 50.000 niños han sido asesinados o gravemente heridos en apenas 20 meses. A eso se suman traumas múltiples, desplazamientos forzados y desnutrición extrema.

Lo más grave no es solo la magnitud de la tragedia, sino la naturalización del horror como norma de convivencia geopolítica. Naciones enteras observan sin intervenir cómo una población joven y desarmada es empujada al abismo por un Estado con poder militar absoluto y respaldo internacional.


Gaza interpela al mundo

Lo que está sucediendo en Gaza no es solo una tragedia humanitaria. Es una advertencia geopolítica. Si el sistema internacional permite que un Estado aniquile a otro pueblo sin consecuencias, la arquitectura de los derechos humanos habrá sido desmantelada en tiempo real.

Hoy Gaza es símbolo de algo más profundo: la crisis del orden mundial, donde la vida o la muerte de millones depende ya no de normas compartidas, sino del peso geoestratégico de los actores involucrados. Y en ese mapa, la voz de los más débiles —como los niños de Gaza— no tiene espacio. Solo dolor, ruinas y olvido.

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