Mientras el Gobierno intenta vender una supuesta “desaceleración”, las mediciones privadas vuelven a desnudar la fragilidad del plan económico y el ajuste que pagan, una vez más, los argentinos. Tras el 2,8% de inflación de diciembre —cuatro meses seguidos de aceleración— enero muestra números que el Ministerio de Economía intenta maquillar, pero que lejos están de traer alivio real.
Las consultoras registraron una leve baja en el ritmo de aumentos durante la tercera semana del mes, especialmente en alimentos. Sin embargo, el dato no alcanza para tapar la realidad: la carne, las verduras y los productos básicos siguen presionando fuerte sobre los precios y el consumo continúa planchado.
Según LCG, alimentos y bebidas subieron 0,2% en la última semana relevada, gracias a una caída puntual en panificados. Pero carnes (+2,5%) y verduras (+3,1%) volvieron a golpear el bolsillo. En paralelo, Libertad y Progreso estima que enero cerraría cerca del 2,6%, muy lejos del “milagro inflacionario” que promete Javier Milei.
Otras consultoras fueron menos optimistas: Analytica detectó subas semanales de hasta 0,8% en el Gran Buenos Aires, con verduras acumulando un alarmante 7,5% en pocas semanas. Econviews también confirmó que las verdulerías lideran los aumentos, mientras el consumo se retrae.
Pese a esto, el Gobierno insiste con que “lo peor ya pasó” y hasta promete inflación “con cero” para mitad de año. Una proyección que suena más a slogan que a realidad, en un contexto donde se postergan aumentos de tarifas para evitar otro golpe político y el ajuste se sostiene a fuerza de licuar ingresos.
La inflación no desaparece: se esconde detrás del relato oficial. Y mientras el Ejecutivo celebra décimas, en la calle la cuenta sigue sin cerrar.