En una acción que reconfigura tensiones regionales e impacta en el tablero internacional, el gobierno de Israel lanzó este miércoles un ataque aéreo contra el Ministerio de Defensa de Siria y el Estado Mayor Conjunto en el corazón de Damasco. El bombardeo, que se produjo en paralelo al inicio del juicio político contra el primer ministro Benjamín Netanyahu, fue interpretado no solo como una ofensiva militar, sino como una jugada geopolítica orientada a desviar el foco interno y reafirmar liderazgo regional.
Un ataque quirúrgico con alto contenido político
El operativo israelí destruyó tres edificios clave del aparato militar sirio. La precisión del ataque y su localización —en pleno centro de Damasco, cerca del palacio presidencial— revela una clara demostración de fuerza y capacidades de inteligencia. Oficialmente, Israel justificó el bombardeo como una acción preventiva ante el avance de tropas sirias hacia la ciudad de Al Sueida, epicentro de tensiones entre la minoría drusa y el gobierno de Bachar Al Asad.
Sin embargo, el momento elegido para ejecutar el ataque coincide con un punto de inflexión en la política israelí: la Knéset estaba por avanzar con el juicio político a Netanyahu, acusado de corrupción. La decisión de bombardear justo en ese instante provocó la suspensión del proceso legislativo, lo que alimenta las sospechas de que la ofensiva fue también una jugada para ganar tiempo, consolidar respaldo interno y colocar a Israel en un escenario de “amenaza externa”.
Siria, un tablero fracturado
El ataque se inscribe en una larga historia de hostilidades entre Israel y Siria, pero en esta ocasión se vincula también con las tensiones dentro del propio territorio sirio. La región de Al Sueida, habitada mayoritariamente por drusos, rechaza la intervención del ejército de Al Asad, y enfrenta choques constantes con milicias beduinas. La negativa de la comunidad drusa a aceptar presencia militar del gobierno central expone una fragmentación territorial que Damasco aún no logra revertir tras años de guerra civil.
Israel argumentó que su intervención buscó proteger a la población drusa, con la que mantiene históricamente vínculos ambiguos, especialmente en los Altos del Golán, ocupados por Tel Aviv desde 1967. No obstante, el trasfondo parece más estratégico que humanitario: evitar que Damasco recupere control total sobre el sur del país y, al mismo tiempo, mostrar músculo militar en las inmediaciones de la frontera israelí.
Estados Unidos, entre la advertencia y la incomodidad
La reacción de Washington no tardó. El secretario de Estado, Marco Rubio, manifestó “preocupación” y pidió el cese inmediato de las hostilidades, recordando que un alto el fuego pactado recientemente había sido nuevamente quebrado. A pesar de su histórico alineamiento con Tel Aviv, la administración de Donald Trump ve con recelo cualquier escalada que pueda alterar el equilibrio regional en un momento donde el foco está puesto en la contención de Irán y el control de los recursos energéticos.
Rubio también deslizó que otras potencias del Golfo, como Baréin, ven con inquietud esta nueva escalada. Esto evidencia que incluso en los espacios aliados de Israel, el bombardeo podría interpretarse como una acción desestabilizadora, con potencial para expandirse más allá del conflicto bilateral.
Golán, Damasco y la política de seguridad expansiva
Desde una perspectiva geoestratégica, el ataque refuerza la doctrina israelí de intervención preventiva más allá de sus fronteras, con el Golán como punto de vigilancia privilegiado. La cercanía de Al Sueida al territorio ocupado le otorga a Tel Aviv un margen operativo que utiliza para contener cualquier consolidación de poder sirio en la zona. En ese sentido, el bombardeo actúa como un mensaje para Teherán y sus aliados chiitas, que ven en Siria un enclave geopolítico clave.
Conclusión: política interna, poder regional y riesgo de escalada
El bombardeo israelí sobre Damasco no puede leerse como un hecho aislado ni meramente defensivo. Es, en esencia, una acción geopolítica de alto riesgo que entrecruza los intereses de seguridad regional con la crisis política interna de Netanyahu. En medio de un juicio que podría removerlo del poder, el primer ministro volvió a recurrir a la estrategia del enemigo externo para reagrupar apoyos.
A su vez, la situación desnuda las fragilidades del tablero sirio y la vulnerabilidad del sur del país, mientras Estados Unidos intenta contener una escalada mayor en un escenario ya saturado de conflictos latentes.