¡EL HAMBRE NO ESPERA! DOS JUBILADAS ENCADENADAS AL GRITO DE “NOS ESTÁN MATANDO”: LA CRUELDAD DEL AJUSTE LLEGÓ AL LÍMITE

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Mientras el Gobierno hace gala de un superávit de muerte, nuestros abuelos se encadenan frente al Congreso para no morir en la desidia. El PAMI de los recortes, el gas pimienta de la Federal y una jubilación de miseria que no cubre ni el aire que respiran.

La imagen es desgarradora y debería hacer sangrar el corazón de cualquier funcionario con un mínimo de humanidad. Pero en la Argentina del “no hay plata” para los vulnerables y “hay de sobra” para la casta financiera, el escenario de hoy frente al Congreso Nacional fue una postal del horror: dos jubiladas encadenadas a un semáforo, ofreciendo sus últimos restos de fuerza para denunciar que el ajuste de este Gobierno es, lisa y llanamente, un plan de exterminio.

“Nos quitan el derecho a vivir”

La tradicional ronda de los miércoles, esa que el peronismo siempre cobijó y que hoy es perseguida por las botas de un operativo policial desmedido, se transformó en un grito de guerra contra la indiferencia. Con 69 años y una dignidad que no le cabe en el pecho, una de las mujeres mostró ante las cámaras lo que el PAMI le niega: estudios para detectar cáncer que no se puede realizar porque “no hay presupuesto”.

“La colonoscopía es cara y el PAMI no la autoriza. En 2025 no pude, este año tampoco. Es permanente. Nos están quitando el derecho a vivir”, sentenció la mujer entre lágrimas, mientras el frío del hierro de las cadenas se confundía con la frialdad de una gestión que mira las planillas de Excel mientras la gente se muere en la calle.

La matemática de la miseria

La otra cara del dolor la puso una abuela asmática que dejó en ridículo el relato oficial de la “inflación a la baja”. Con una jubilación que es un insulto a la inteligencia humana, debe elegir entre respirar o comer:

  • Medicamento para el asma: $80.000
  • Garrafa de gas: $29.000
  • Haber mensual: $350.000 (con un bono de $70.000 congelado desde 2024, una verdadera burla).

¿Cómo se hace para sobrevivir? No se hace. Se sobrevive a fuerza de milagros, mientras el Gobierno se jacta de un “ordenamiento” que solo ordena el hambre de los de abajo.


EL BRAZO ARMADO CONTRA LOS BASTONES

Mientras las abuelas pedían por sus vidas, un ejército de efectivos policiales rodeaba la plaza. Es el mismo cuerpo policial que hoy tiene a uno de sus agentes, Nicolás Emanuel Céspedez, procesado y embargado por 40 millones de pesos tras haber molido a golpes y gas pimienta a una mujer de 82 años con bastón el año pasado.

Ese es el modelo: palos para los jubilados, alfombra roja para los especuladores. La Cámara Federal ya lo dijo claro: no fue un “acto reflejo”, fue un abuso de autoridad contra quienes no tienen más que sus canas para defenderse.

Una solución de parche ante el escándalo

Solo cuando la noticia empezó a arder en las redes y los móviles de TV mostraron las cadenas, el PAMI —ahora convertido en una oficina de recortes— “se comunicó” para dar una solución mágica. ¿Hace falta encadenarse para que el Estado cumpla con su deber? En la Argentina de hoy, parece que sí.

La movilización no retrocede. Los jubilados prometen volver cada miércoles. Porque mientras el Gobierno cuente monedas, sus abuelos seguirán contando las injusticias de una gestión que eligió ser fuerte con los débiles y sumisa con los poderosos.

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