El Gobierno libertario de Javier Milei firmó un acuerdo con Estados Unidos por 20.000 millones de dólares para “estabilizar el mercado cambiario”. Detrás del anuncio, se esconde una nueva muestra de debilidad económica, sometimiento político y pérdida de soberanía nacional. El “león” libertario vuelve a arrodillarse ante el poder financiero internacional.
En la mañana de este lunes, el presidente Javier Milei anunció con tono triunfal la firma de un acuerdo de intercambio de divisas por 20.000 millones de dólares con el gobierno de los Estados Unidos, presentado como una medida para “reforzar las reservas y estabilizar los mercados”. Sin embargo, detrás del discurso técnico y la sonrisa de ocasión, la noticia desnuda lo que desde el movimiento nacional venimos advirtiendo hace meses: la administración Milei no gobierna, obedece.
A menos de un año de haber asumido, el “libertario antisistema” terminó siendo un alumno aplicado del viejo manual del Fondo Monetario. Lo que comenzó como una promesa de independencia económica terminó en una entrega explícita de soberanía: una Argentina atada al dólar, al dictado de Washington y a la lógica de la especulación financiera.
Un salvavidas con cadena
El Gobierno celebra el ingreso de estos 20.000 millones como si fueran una conquista, pero lo cierto es que ningún país soberano celebra un préstamo como un triunfo. Este swap —eufemismo técnico que oculta la palabra “endeudamiento”— llega en un momento de fragilidad extrema: inflación reprimida, recesión profunda, caída del consumo y una deuda interna que crece cada semana con los bonos del Tesoro atados al dólar.
Mientras Milei festeja el “respaldo” norteamericano, los trabajadores, jubilados y pymes argentinas siguen sin respaldo alguno. Las reservas no se usan para producir, sino para sostener la bicicleta financiera de los grandes fondos de inversión. El “rescate” de Washington no apunta a fortalecer la industria nacional ni el mercado interno; su objetivo es mantener la ilusión de estabilidad hasta las elecciones legislativas, para luego ajustar con mayor dureza.
Una alianza con olor a colonia
El gesto político de los Estados Unidos no es inocente. Este tipo de “ayuda” siempre viene acompañado de condicionamientos: apertura indiscriminada de importaciones, entrega de recursos estratégicos, privatizaciones y desmantelamiento del Estado nacional. Es el mismo libreto que ya vivimos con Martínez de Hoz en dictadura y con Mauricio Macri en 2018.
Milei, que se autoproclama defensor de la libertad, parece confundir libertad con sumisión. En lugar de fortalecer una alianza latinoamericana y productiva, prefiere ponerse de rodillas ante el Departamento del Tesoro. El “león” que bramaba contra el socialismo terminó a los pies del águila imperial.
El contraste moral y político
Mientras el pueblo argentino ajusta el cinturón, el gobierno ajusta la patria.
Los dólares que llegan no son para hospitales, escuelas ni jubilaciones: son para garantizar la rentabilidad de los especuladores financieros.
Y cuando el relato oficial hable de “confianza internacional”, conviene recordar: la confianza no se compra en Wall Street, se construye con trabajo argentino, industria nacional y justicia social.
El modelo libertario —que Guillermo Moreno definió con precisión como anarcocapitalismo colonial— demuestra una vez más que sin Estado no hay Nación. Y que sin soberanía económica, no hay independencia política ni justicia social posibles.
Conclusión
Este nuevo pacto con Estados Unidos no estabiliza la economía: la entrega.
No refuerza las reservas: refuerza la dependencia.
No da confianza al pueblo: tranquiliza a los mercados.
Mientras Milei brinda con los banqueros de Nueva York, la Argentina real —la del trabajo, la producción y el pan diario— sigue esperando un gobierno que la mire a los ojos, no uno que la venda al mejor postor.