En el 50° aniversario del golpe, una marea humana sepultó el negacionismo oficial. Con la Casa Rosada vallada y vacía, el régimen libertario intentó invisibilizar la movilización más grande de las últimas décadas. “Son 30.000 y fue genocidio”, el grito que aturdió a un Gobierno que se cae a pedazos entre escándalos de corrupción y viajes de placer con la nuestra.
La historia no se borra con un tuit ni con videos editados por el call center oficial. Este 24 de marzo, a exactos 50 años del inicio del terrorismo de Estado, el pueblo argentino dictó sentencia en las calles. En una jornada que ya es histórica, más de un millón de patriotas desbordaron la Plaza de Mayo y sus alrededores, transformando el centro porteño en un océano de resistencia contra el ajuste y el autoritarismo de Javier Milei.
Mientras la multitud recordaba a los 30.000 y exigía el fin del saqueo económico, la Casa Rosada ofrecía una imagen fantasmagórica: persianas bajas, luces apagadas y un despliegue policial digno de una dictadura para proteger un edificio vacío. El Presidente, fiel a su estilo de darle la espalda a la realidad, prefirió el encierro de la Quinta de Olivos, refugiado en sus redes sociales mientras el país gritaba “Nunca Más”.
El cinismo oficial: ¿Ceguera o provocación?
Desde el búnker de Olivos, la orden fue clara: ningunear al pueblo. En un acto de cinismo sin precedentes, el Gobierno lanzó una cifra que roza el ridículo, estimando la asistencia en apenas 100 mil personas. La provocación no terminó ahí; funcionarios de segunda línea, con la soberbia que caracteriza a quienes destruyen el Estado desde adentro, se animaron a decir que “eran pocos” y que la marcha estaba “politizada”.
“Parece que el ajuste también llegó a los anteojos de los funcionarios. No ver un millón de personas en la calle es una patología política o un miedo paralizante”, lanzaron desde los organismos de Derechos Humanos ante la consulta de este medio.
Provocación negacionista y la “Teoría de los dos Demonios”
En lugar de rendir homenaje a las víctimas de la dictadura cívico-militar, el aparato de propaganda oficialista —financiado con el hambre de los jubilados— lanzó un video de más de una hora intentando reflotar la nefasta “Teoría de los Dos Demonios”. Con la firma del cineasta de cámara Santiago Oria y el polémico Juan Pablo Carreira, el Gobierno buscó ensuciar la memoria colectiva en un intento desesperado por validar su discurso de odio.
Incluso, en un ataque de amnesia selectiva, Milei utilizó su cuenta de X para atacar la figura de Néstor Kirchner, intentando apropiarse de la imagen de Alfonsín, a quien hasta hace dos meses insultaba en cada programa de televisión. La incoherencia es el único programa de gobierno que mantienen firme.
Un Gobierno acorralado por el “Vuelo del Placer”
La masividad de la marcha llega en el peor momento para el “Triángulo de Hierro”. El oficialismo no solo hace agua en la economía con la estrepitosa caída de la imagen de Milei, sino que enfrenta denuncias por la causa $Libra y el escándalo que salpica al vocero Manuel Adorni.
Mientras miles de argentinos marchaban por memoria, verdad y justicia, en los pasillos de Balcarce 50 el clima es de derrota. No pueden explicar cómo la esposa de Adorni, Bettina Angeletti, se subió al avión presidencial ARG 01 para un viaje de placer a Estados Unidos pagado por todos los argentinos. “Ellos viajan en primera con la tuya, mientras el pueblo vuelve a llenar la Plaza para decirles basta”, sentenció un dirigente social presente en la movilización.
La vigencia de la lucha
Ni las vallas, ni las amenazas de Bullrich, ni las mentiras de los trolls pudieron frenar la columna kilométrica de La Cámpora, que pasó frente a la residencia donde Cristina Fernández de Kirchner resiste la persecución judicial, ni la mística de los movimientos sociales y la izquierda.
El 50° aniversario del golpe dejó algo en claro: la Argentina no olvida, no perdona y no se reconcilia con los verdugos ni con sus herederos políticos. La Plaza habló. Ahora, resta saber si el “León” saldrá de su escondite en Olivos o seguirá gobernando para una realidad paralela que solo existe en su celular.