En una Asamblea Legislativa cargada de tensión, el presidente Javier Milei inauguró el 144° período de sesiones ordinarias con un discurso que profundizó la confrontación política y dejó más dudas que certezas sobre el rumbo económico y social del país.
Lejos de tender puentes, el mandatario eligió el camino de la provocación. Con un tono agresivo y desafiante, apuntó contra la oposición, cuestionó a gobernadores y volvió a responsabilizar a gestiones anteriores por la crisis actual, sin asumir el costo social de sus propias decisiones.
Ajuste, recortes y más reformas
Milei defendió el equilibrio fiscal como bandera central, pero evitó mencionar el impacto concreto del ajuste sobre jubilados, trabajadores y pymes. La caída del consumo, el freno en la actividad y el deterioro del poder adquisitivo no tuvieron lugar en su balance optimista.
El Presidente anunció que 2026 será “el año de las reformas”, con cambios impositivos, modificaciones en el Código Civil y nuevas privatizaciones. Sin embargo, no explicó cómo estas medidas mejorarán la vida cotidiana de quienes hoy enfrentan aumentos de tarifas, pérdida de empleo y dificultades para llegar a fin de mes.
Un Congreso bajo presión
El clima en el recinto fue tenso. Los cruces, las interrupciones y las expresiones de rechazo marcaron una jornada que evidenció el creciente aislamiento político del oficialismo. En lugar de buscar consensos, el Gobierno parece apostar a la polarización permanente como estrategia.
Las críticas también apuntan a la falta de diálogo institucional y a la concentración de decisiones en el Ejecutivo, en un contexto donde el Congreso debería ser el ámbito natural de debate democrático.
Promesas y realidad
Mientras el Presidente celebró indicadores macroeconómicos y habló de recuperación, amplios sectores sociales advierten que la mejora no se siente en la calle. La brecha entre el relato oficial y la experiencia cotidiana de la ciudadanía se profundiza.
La apertura de sesiones dejó un mensaje claro: el Gobierno no dará marcha atrás con el ajuste. La incógnita es cuánto más podrá soportar una sociedad golpeada por la crisis antes de que la tensión política y social escale aún más.