Mientras ajusta a los científicos y desfinancia las universidades, el “León” saca chapa con el microsatélite ATENEA. El logro es de la UNLP, la UBA y el CONICET, pero el Gobierno intenta adueñarse de la épica espacial para tapar el hambre.
En un acto de cinismo sin precedentes, el gobierno de Javier Milei salió este jueves a inflar el pecho por la conexión exitosa del microsatélite ATENEA con las bases de Córdoba y Tierra del Fuego. Lo que la Oficina del Presidente vende como un “logro de su gestión” y un “cambio de paradigma”, no es más que el fruto del esfuerzo de la Universidad Pública y los organismos del Estado que el propio mandatario se encarga de vapulear día tras día.
El aparato, un CubeSat 12U que ya viaja en la misión Artemis II de la NASA, es un orgullo de la soberanía tecnológica argentina. Pero atención: el satélite no nació de las fuerzas del cielo, sino de la inversión del Estado nacional a través de la CONAE y el trabajo incansable de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la UBA, el IAR y la empresa VENG.
El relato “Moonlight”: Milei contra la ciencia que lo salvó
Resulta tragicómico escuchar al Presidente hablar de un “salto cualitativo” y de “volver a hacer historia”, cuando hace meses su gestión mantiene congelados los presupuestos de las mismas universidades que diseñaron el satélite. Atenea está a 72.000 kilómetros de la Tierra, casi tan lejos como la empatía de un Gobierno que celebra el éxito de los científicos mientras los manda a “lavar los platos” con salarios de miseria.
“Hoy la historia nos encuentra siendo parte en primera persona”, disparó Milei desde sus redes, en un claro intento de apropiación cultural y científica.
Lo que el “libertario” no dice es que este proyecto es hijo del programa SARE, una política de Estado que viene de largo arrastre y que hoy sobrevive a pesar de la motosierra.
Datos, radiación y soberanía en riesgo
El microsatélite tendrá la misión de medir radiación en el espacio profundo y evaluar componentes electrónicos en entornos extremos. Es tecnología de punta que posiciona a la Argentina como líder regional. Sin embargo, el tufillo a claudicación ante los Estados Unidos es inevitable: el Gobierno celebra la “cooperación” con la potencia del norte mientras entrega recursos naturales y soberanía por dos mangos.
¿Qué hay detrás del festejo?
Para los analistas de la realidad nacional, este “festejo espacial” es una maniobra de distracción masiva. Con una inflación que no da tregua y el consumo por el piso, el oficialismo necesita una “victoria” que lo saque del barro de la política doméstica.
Mientras el Atenea surca el cosmos, los argentinos de a pie siguen mirando el piso esperando que bajen los precios. Milei podrá estar en la Luna, pero el pueblo sigue acá abajo, aguantando el ajuste de un gobierno que solo cree en la ciencia cuando le sirve para la foto de Instagram.