Tras las elecciones bonaerenses, el oficialismo lleva al Congreso un proyecto que promete chispazos: regla fiscal, recaudación en alza, presión impositiva y un clima de incertidumbre que enciende las alarmas.
El Gobierno se juega una carta clave: presentó el Presupuesto 2026 y lo hará debutar en el Congreso apenas días después del sacudón electoral en la Provincia de Buenos Aires. El proyecto llega con promesas de control férreo del gasto, aumentos en la recaudación y medidas que ya generan polémica dentro y fuera del Parlamento.
La novedad más explosiva es una regla fiscal automática que congela el gasto incluso si ingresan más recursos de los previstos. El mensaje es contundente: ni un peso extra sin respaldo genuino, aun cuando la economía logre sorprender con mayor recaudación.
El plan oficialista prevé una recaudación total en el 22,74% del PBI, con el IVA subiendo casi un 19%, Ganancias con un aumento del 23,2%, impuestos a los combustibles disparados más del 60% y retenciones al agro con un incremento del 66,7%. Son cifras que, para la oposición, anticipan una presión impositiva feroz y un golpe directo al consumo y la producción.
El Presupuesto no solo apunta al escenario local: también está bajo la lupa del Fondo Monetario Internacional y de los mercados internacionales, que reclaman reformas estructurales inmediatas. En agenda figuran cambios impositivos, revisión del esquema laboral y un plan para contener la deuda.
El 15 de septiembre comenzará el debate en comisión con la exposición del secretario de Hacienda y del presidente de Presupuesto. Se espera un choque cargado de tensión, con la oposición lista para cuestionar cada número y el oficialismo decidido a blindar el ajuste.
El Presupuesto 2026 será mucho más que un plan de ingresos y gastos: será la primera gran pulseada política tras las elecciones bonaerenses, con un Congreso encendido, la economía en estado delicado y la sociedad mirando con preocupación el futuro inmediato.