Tenía 34 años y permanecía prófugo desde marzo de 2025, cuando un Oficial Mayor de la Ciudad frustró el asalto a los tiros mientras estaba en el baño de un supermercado. La PFA lo cercó en Ciudad Evita.
El largo brazo de la ley finalmente alcanzó a quien creía que el anonimato del conurbano sería eterno. Tras un año de mantenerse en las sombras, efectivos de la Policía Federal Argentina (PFA) detuvieron en las últimas horas a un delincuente de 34 años, el último eslabón que faltaba tras el violento intento de robo en un supermercado de Boedo que terminó en balacera.
La captura se produjo en la intersección de las calles 17 de Octubre y Chubut, en la localidad de Ciudad Evita, partido de La Matanza. Allí, tras días de vigilancia discreta y tareas de inteligencia criminal, los agentes de la División Homicidios de la PFA lograron interceptar al sospechoso cuando salía de su escondite.
El día que el “baño” les arruinó el plan
La historia de esta detención se remonta al 25 de marzo de 2025. Aquella tarde, el ahora detenido ingresó al comercio de la Avenida Directorio simulando ser un cliente más. Actuaba como “marcador”: entró a cara descubierta, recorrió las góndolas y se dirigió al fondo para verificar cuánta gente había. Poco después, su cómplice entró armado, con gorra y tapabocas, dispuesto a vaciar la caja.
Lo que los malvivientes no calcularon fue el factor sorpresa. Dentro del baño del local se encontraba un Oficial Mayor de la Policía de la Ciudad. Al escuchar los gritos y las amenazas a la cajera, el efectivo no dudó: salió, se identificó y dio la voz de alto.
El dato: Ante la resistencia del delincuente armado, se produjo un intenso intercambio de disparos dentro del salón. El asaltante que portaba el arma recibió dos impactos (en el rostro y en el brazo) y terminó operado y bajo custodia en el Hospital Ramos Mejía. Sin embargo, su compañero —el que hoy duerme en una celda— logró escabullirse en medio del caos.
Tecnología y persistencia
La caída del prófugo no fue azarosa. La investigación, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Nº45, subrogado por la Dra. Alejandra Provitola, se valió de un análisis exhaustivo:
- Pericias telefónicas: Se rastreó el contenido del celular secuestrado al primer detenido.
- Cámaras de seguridad: La División Individualización Criminal de la PFA logró ponerle nombre y apellido al rostro que las cámaras captaron ese día en el supermercado.
El delincuente, de nacionalidad argentina, quedó imputado por “robo agravado por el uso de arma de fuego”. Mientras su socio ya purga condena en el Servicio Penitenciario Federal, él enfrentará ahora el mismo destino, ratificando que, aunque tarde, la justicia termina cerrando el círculo sobre quienes eligen el camino del delito.