Stranger Things se despide con emoción y nostalgia

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La serie cierra su historia priorizando la amistad y los sentimientos por encima de las explicaciones sobrenaturales.

Después de casi diez años marcando a una generación, Stranger Things llegó a su final fiel a su esencia. La serie que comenzó con un grupo de chicos jugando Calabozos y Dragones eligió despedirse apostando al corazón antes que a la lógica de su mitología.

El último episodio se concentra en mostrar cómo siguen las vidas de los protagonistas 18 meses después de la derrota de Vecna. Hay graduaciones, reencuentros, charlas sobre la pérdida y promesas difíciles de cumplir. Todo está pensado para emocionar y reforzar los lazos que siempre fueron el eje de la historia.

Quienes esperaban respuestas claras sobre el Otro Lado, el Azotamentes o el origen de los horrores de Hawkins pueden sentirse decepcionados. Los hermanos Duffer vuelven a dejar en segundo plano la coherencia narrativa y apuestan por la experiencia emocional, incluso cuando algunas subtramas quedan abiertas.

Aun así, la serie logra conmover. La nostalgia ochentosa, la música icónica y los vínculos entre los personajes funcionan como un cierre efectivo para los fans. Stranger Things se despide recordando que, más allá de los monstruos, lo más importante siempre fue la amistad.

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