En un marzo de terror, los tarifazos de la gestión actual empujaron la canasta de servicios básicos un 11,4% arriba en apenas 30 días. Con los sueldos de hambre que promueve el modelo, los trabajadores del AMBA ya destinan casi la mitad de su presupuesto solo al transporte. ¿Hasta dónde van a tirar de la cuerda?
Por la Redacción de InfoDelPlata
La motosierra no era para la casta, era para la heladera de los argentinos. Mientras el Gobierno se jacta de un “equilibrio fiscal” construido sobre el hambre del pueblo, el último informe del Observatorio de Tarifas de la UBA-CONICET confirmó lo que cualquier vecino siente cuando abre el correo: las tarifas son impagables.
En marzo, una familia tipo del AMBA necesitó la friolera de $213.557 para cubrir luz, gas, agua y transporte. Un incremento del 11,4% en un solo mes, que deja en ridículo cualquier paritaria y confirma que el plan económico consiste en vaciarle los bolsillos a la clase media y a los sectores populares para cerrar las cuentas de los grupos concentrados.
El transporte: Una trampa para el que sale a laburar
Lo más escandaloso es el golpe al bolsillo de los que menos tienen. El boleto de colectivo y tren ya no es un servicio, es un lujo. Solo en transporte, un hogar promedio gasta $101.026 por mes.
Dato brutal: Casi la mitad de la canasta de servicios (un 47%) se la lleva el viaje al trabajo. Con una suba del 14,8% respecto a febrero, el Gobierno castiga la movilidad de los trabajadores mientras insiste con una “equiparación” con el interior que solo nivela hacia abajo, hacia la pobreza.
Luz, gas y agua: Vivir como en el siglo XIX
Las empresas energéticas, las grandes ganadoras de este modelo de entrega, siguen recibiendo luz verde para ajustar. Un usuario de ingresos medios hoy tiene que desembolsar:
- Luz: $49.462 (un golpe constante al consumo hogareño).
- Gas: $28.025 (con un salto mensual del 14% que anticipa un invierno de frazadas y frío).
- Agua (AySA): $35.045 (un incremento del 12,6% en un recurso vital).
Un ataque directo a la mesa de los argentinos
Lo que el oficialismo llama “sinceramiento” es, en realidad, un traspaso brutal de riqueza. En un año, la canasta de servicios aumentó un 445%, aplastando por completo a la inflación general y, por supuesto, a los salarios.
Hoy, el peso de los servicios sobre el sueldo de un trabajador formal pasó del 10,8% al 12,3%. Parece un número frío, pero es la diferencia entre comer carne o no; entre comprar los remedios o pagar la boleta de luz para que no te corten el suministro.
Mientras el Estado se retira y deja de subsidiar el bienestar del pueblo, las familias del Conurbano y la Ciudad se hunden en una incertidumbre total. Con los costos de energía dolarizados y una política que solo entiende de planillas de Excel, el panorama para el primer semestre de 2026 es desolador. El modelo cierra con la gente afuera.