Mientras el Gobierno de Javier Milei insiste con relatos de “orden” y “disciplina fiscal”, la realidad golpea de lleno a los hogares del AMBA: en diciembre, la canasta de servicios públicos superó los $183.000 mensuales, tras un nuevo aumento del 5,7% en apenas un mes. Un número brutal que expone el verdadero costo del ajuste y deja a millones de familias al borde del ahogo.
Según datos del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-Conicet), el gasto en servicios se disparó 31% interanual y, si se compara con diciembre de 2023, el salto es directamente escandaloso: 561%, muy por encima de la inflación acumulada. Pero para la Casa Rosada, parece no ser suficiente.
La boleta que más explotó fue la de electricidad, con un aumento mensual del 20,8%, llevando el promedio a casi $45.000. El transporte sigue siendo la otra gran pesadilla: $83.196 por mes, consolidándose como el principal drenaje del salario. Gas y agua tampoco se quedan atrás, mientras el Gobierno mira para otro lado y celebra números de laboratorio.
En criollo: trabajar para pagar boletas. Hoy, la canasta de servicios ya se come más del 11% del salario promedio, y el transporte representa por sí solo el 43% del gasto en servicios. Un modelo que castiga al que labura y premia al Excel del ajuste.
Pero lo peor todavía no llegó. El Ejecutivo ya avisó que en 2026 avanzará con un nuevo esquema de subsidios que elimina la segmentación actual y reduce todo a dos categorías: los pocos que recibirán ayuda y el resto, a pagar tarifa plena, sin anestesia. El límite será tres canastas básicas: quien supere ese umbral, aunque apenas, quedará afuera.
En nombre de la “transparencia”, el Gobierno prepara otro golpe directo al bolsillo. La inflación podrá bajar en los discursos, pero en la vida real las boletas siguen subiendo. Y cada mes, vivir en el AMBA se vuelve un lujo cada vez más caro.