Mientras el Gobierno ajusta el bolsillo del pueblo, las calles del Conurbano son un campo de batalla. Un docente al volante, cuatro patrulleros fuera de control y una familia que casi pierde su casa por la impericia de una fuerza de seguridad desbordada y sin conducción.
WILDE – Lo que debería haber sido un control de tránsito rutinario se transformó en una película de terror clase B, financiada con los impuestos que los bonaerenses pagan mientras el Gobierno Nacional celebra el “déficit cero” a costa del hambre popular. En la mañana de este viernes, la localidad de Wilde fue testigo de una cacería humana que terminó con un tendal de heridos, móviles policiales convertidos en chatarra y el frente de una vivienda destrozado.
Persecución de locura: Tres patrulleros para un Fiat
Todo comenzó en la intersección de Friuli y General Belgrano. Allí, los efectivos divisaron un Fiat Cronos negro que circulaba en zigzag. ¿El conductor? Un docente. ¿El delito? Presunta alcoholemia. Pero en la era de la “mano dura” de cartón, la respuesta no fue la prevención, sino el caos.
Lo que siguió fue un despliegue cinematográfico e injustificado: tres patrulleros persiguiendo a un solo auto a velocidades suicidas por zonas residenciales. La impericia quedó de manifiesto a las pocas cuadras: dos móviles chocaron entre sí en Quilmes, dejando a los agentes en el Hospital Iriarte. Sí, leyó bien: se chocaron solos mientras el sospechoso seguía su marcha.
El choque final: El desprecio por la propiedad privada
La desidia estatal alcanzó su punto máximo en la esquina de Raposo y Coronel Lynch. Allí, un cuarto móvil policial —una camioneta de la Bonaerense— decidió “interceptar” al docente embistiéndolo de lleno. El impacto fue tan brutal que la camioneta volcó sobre la vereda, mientras que un auto estacionado (una Renault Stepway) terminó incrustado dentro del patio de una casa, derribando paredes y sembrando el pánico en los vecinos que, a esa hora, solo intentaban empezar su jornada.
“Pudo ser una masacre. Los patrulleros venían como locos y no les importó que hubiera gente caminando. Acá el Estado no te cuida, te pasa por arriba”, sentenció un vecino indignado mientras observaba cómo el frente de su hogar quedaba reducido a escombros.
Cero delito, puro show
Lo más escandaloso de este “operativo de seguridad” es el saldo final:
- No hubo robo.
- No hubo armas.
- No había antecedentes penales.
Al cierre de esta edición, el docente (identificado como L.K.M.J.) permanece detenido por “resistencia a la autoridad”, una figura que parece ser el comodín de una fuerza que prefiere el choque y la sirena antes que la inteligencia criminal.
Mientras el Gobierno actual sigue enfocado en sus planillas de Excel y en las redes sociales, en el barro del Conurbano la realidad es otra: policías heridos, patrulleros rotos que no se van a reponer y vecinos que ahora deben reconstruir sus casas. Una muestra más de que, para este modelo, la vida y la propiedad del laburante no valen un centavo.