Mientras el Gobierno de la Ciudad mira para otro lado y ajusta en mantenimiento, el transporte público se convierte en una trampa mortal. Una mujer de 70 años sufrió la amputación de una pierna en la estación Federico Lacroze. El servicio estuvo paralizado, reflejando el caos de una gestión que desprecia al laburante.
La desidia no da tregua en la Ciudad de Buenos Aires. En una jornada marcada por el dolor y la indignación, la Línea B de subtes —esa que miles de trabajadores utilizan a diario en condiciones deplorables— fue escenario de una nueva escena de terror. Una abuela de 70 años terminó bajo las ruedas de una formación en la estación Federico Lacroze, en un hecho que expone, una vez más, la falta de seguridad y el estado crítico de un servicio privatizado que solo parece servir para llenar los bolsillos de la concesionaria EMOVA.
Escenas de horror bajo el andén
Eran las tres y media de la tarde cuando el grito de los pasajeros paralizó el corazón de Chacarita. La mujer fue embestida por la formación y quedó atrapada entre los fierros y las vías. El despliegue de los Bomberos de la Ciudad y el Grupo Especial de Rescate (GER) fue cinematográfico, pero cargado de la angustia de un sistema de transporte que se cae a pedazos.
“La sacaron como pudieron. Es una vergüenza que una persona mayor tenga que pasar por esto”, comentaba un pasajero indignado mientras el servicio se prestaba de forma limitada, dejando a miles de usuarios a la deriva, como ya es costumbre en la gestión del ajuste.
El precio del ajuste: Una pierna amputada
El parte médico es desgarrador. Tras ser rescatada en un operativo que obligó a cortar la electricidad —dejando a oscuras a una red que ya de por sí funciona a medias—, el personal del SAME tuvo que realizar maniobras de urgencia en el lugar. La víctima fue trasladada de urgencia al Hospital Pirovano con politraumatismos graves y la amputación de su miembro inferior derecho.
Mientras el Gobierno nacional y el porteño se tiran la pelota con los subsidios y se pelean por quién ajusta más fuerte a los sectores más vulnerables, nuestros abuelos pagan las consecuencias con el cuerpo.
¿Hasta cuándo, Jorge Macri?
Desde la empresa EMOVA se limitaron a emitir comunicados fríos y protocolares, alegando que las causas están “bajo investigación”. Sin embargo, para el pueblo que viaja hacinado y con miedo, la causa es clara: falta de inversión y desprecio por la vida humana.
- Servicio limitado: Miles de personas varadas entre Leandro N. Alem y Ángel Gallardo.
- Mantenimiento nulo: Estaciones descuidadas y medidas de seguridad que brillan por su ausencia.
- Ajuste feroz: Los tarifazos no se traducen en mejoras, sino en mayores riesgos para los usuarios.
La Línea B retomó su recorrido cerca de las 16:00 horas, pero el clima de tensión permanece. ¿Cuántas tragedias más tienen que ocurrir para que la “eficiencia” de la que alardean los que gobiernan para los pocos se convierta en seguridad para los muchos? Hoy, una jubilada perdió una pierna; mañana, la desidia puede cobrarse otra vida.