Interna a cielo abierto, trolls descontrolados y traiciones en el corazón de La Libertad Avanza mientras el pueblo sufre la peor crisis

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Mientras el país se hunde en el hambre, la falta de medicamentos y el desempleo masivo, la “casta libertaria” se saca los ojos en las redes sociales. El presidente de la Cámara de Diputados, acorralado, tuvo que salir a pedir disculpas tras quedar pegado en una burda operación contra el monje negro del Presidente, Santiago Caputo. ¿Error del community manager o fuego amigo en un barco que navega a la deriva?

El circo libertario sumó un nuevo y vergonzoso capítulo que demuestra el estado de emergencia institucional y social que vive la Argentina. En un país paralizado por el ajuste criminal, donde los jubilados no llegan a la primera semana del muelle y los comedores populares están desabastecidos por el odio oficial, los funcionarios del gobierno de Javier Milei dedican sus millones y sus horas a una guerra de trolls, carpetazos y traiciones cruzadas.

Esta vez, la bomba estalló entre dos de los hombres más poderosos del régimen: el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el asesor estrella y monje negro de la Casa Rosada, Santiago Caputo.

La filtración que desató el pánico: Cuentas fantasmas y sospechas de traición

Todo comenzó este fin de semana de furia digital cuando saltó a la luz una cuenta anónima en la red social X (ex Twitter) bajo el seudónimo de @PeriodistaRufus. ¿Qué hacía este usuario? Se dedicaba sistemáticamente a destilar feroces críticas contra la gestión del propio Gobierno y, en particular, contra el entorno de Santiago Caputo.

Pero los “detectives digitales” de la Casa Rosada —que cobran sueldos millonarios del Estado pagados con el IVA de la leche de los chicos de las barriadas populares— descubrieron el hilo de la traición: un link difundido por esa cuenta anónima llevaba el rastro digital inconfundible del Instagram personal de Martín Menem.

La paranoia fue total. Desde el búnker de Caputo acusaron inmediatamente al riojano de financiar y sostener una “central de operaciones” oculta para desgastar al asesor presidencial. La tregua entre “Las Fuerzas del Cielo” y el clan Menem (alineado con Karina Milei) voló por los aires en mil pedazos.

El humillante mensaje de Menem: “Fue un error del CM”

Acorralado por la furia de Javier Milei —quien prefiere monitorear los retuits antes que los alarmantes índices de pobreza—, Martín Menem tuvo que ensayar una desesperada y humillante disculpa pública. El domingo por la mañana, el presidente de la Cámara baja envió un alarmante mensaje de WhatsApp al bloque de diputados oficialistas intentando despegarse del escándalo con la vieja y gastada excusa del “error humano”.

“Hola, buen día. Quería comentarles un episodio de ayer que giró en las redes… La persona que maneja mi Instagram copió un link de una noticia y lo reenvió a un par de grupos… Una canallada de algún mala leche. Canallada sofisticada por cierto. Mucho cálculo”, justificó Menem de manera casi infantil.

A pesar de que el legislador intentó bajarle el tono calificando el hecho como una “noticia irrelevante” y un “error involuntario del CM”, las fuentes pasillescas del Congreso confirman que la desconfianza llegó a un punto de no retorno. Nadie le cree a nadie.

Un gobierno de tuiteros mientras el país sangra

Este nuevo escándalo deja en evidencia la absoluta fragilidad y desconexión de un oficialismo que gobierna a través de la pantalla de un celular. Mientras los sectores más vulnerables de la Patria atraviesan una crisis humanitaria por las políticas de hambre impuestas desde el Fondo Monetario Internacional, la mesa chica del Presidente está más preocupada por los me gusta, los algoritmos y el control de las cajas de la militancia digital.

Los cruces por el armado de listas en la Provincia de Buenos Aires y la disputa por el control total del aparato de comunicación estatal mantienen al Gobierno en un estado de parálisis de gestión absoluta. La soberbia libertaria choca de frente con la realidad: una interna feroz, despiadada y a cielo abierto que demuestra que, detrás del discurso de la “libertad”, solo hay ambición de poder, desprecio por las instituciones y un sálvese quien pueda que paga, como siempre, el pueblo argentino. ¿Hasta cuándo se sostendrá esta tregua atada con alambre en la Casa Rosada? Veremos.

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