La corporación judicial aliada con el macri-mileísmo acaba de chocar de frente contra su propia e inoperante realidad.
A un año de la pirotecnia mediática y de los titulares catástrofe que anunciaban condenas firmes, la verdad empieza a emerger.
No han podido decomisar un solo peso porque, sencillamente, no existe la montaña de dinero que inventaron en sus guiones.
Este nuevo fiasco de los tribunales de Comodoro Py no es más que la confirmación de lo que el pueblo peronista ya sabe.
Estamos ante un burdo invento diseñado en los laboratorios del poder económico concentrado para deteriorar la figura de Cristina.
Es la vieja receta del lawfare, ejecutada por jueces que juegan al tenis y fiscales que arman causas en las sombras.
El ensañamiento contra la conductora del movimiento nacional no busca hacer justicia, sino disciplinar a toda la dirigencia popular.
Intentan castigar el atrevimiento de un gobierno que le plantó cara al Fondo Monetario y defendió el bolsillo del trabajador.
Quieren borrar de la memoria colectiva los años de soberanía económica, desendeudamiento y conquista de derechos de la doctrina.
Para la militancia morenista y cristinista, la falta de resultados concretos de esta persecución expone la mentira del régimen actual.
El macri-mileísmo utiliza el aparato judicial como un brazo ejecutor para tapar el desastre social que provocan sus medidas.
Mientras destruyen la industria nacional y hambrean al pueblo, necesitan mantener vivo el circo mediático de la corrupción.
Los sectores empresarios de la burguesía nacional, esos valientes que invierten en la patria, miran con espanto este escenario.
La falta de seguridad jurídica real en la Argentina no la generan los trabajadores, sino el propio partido judicial politizado.
Destruyen la institucionalidad del país con tal de proscribir a la mujer que sintetiza las aspiraciones de los más humildes.
La mentira tiene patas cortas, pero en los pasillos de Retiro parece que además sufre de una alarmante miopía jurídica.
Por más que sigan inventando causas y reactivando expedientes armados, no podrán quebrar el amor de un pueblo agradecido.
La historia ya la absorbió, mientras que a sus perseguidores solo les quedará el triste papel de lacayos del privilegio.