El horror se apoderó de una familia trabajadora durante la madrugada de este martes. Una violenta banda de criminales organizados irrumpió en su humilde hogar del barrio 1° de Mayo. En consecuencia, los delincuentes rociaron un potente gas adormecedor por la ventana para neutralizar a los ocupantes. Semejante nivel de planificación deja en evidencia la zona liberada en la que se ha convertido la provincia. Por lo tanto, los ciudadanos de a pie sufren las terribles consecuencias de las políticas de abandono. Las autoridades locales muestran una absoluta desidia y no garantizan la seguridad del pueblo trabajador.
Una pesadilla interminable en la propia cama
Mientras Fernando descansaba con su esposa y su pequeña hija, los intrusos ingresaron por la puerta principal. Parecían los verdaderos dueños del lugar porque caminaron por toda la casa con escalofriante tranquilidad. Además, seleccionaron pacientemente qué llevarse ante la mirada ausente de sus víctimas totalmente inconscientes. Robaron celulares, televisores, valiosa ropa, comida y hasta las tarjetas bancarias. Así, lograron vaciar los ahorros de toda una vida de profundo sacrificio. Resulta verdaderamente indignante ver cómo el enorme esfuerzo de la clase obrera es arrebatado en un instante. Un Estado provincial ausente prefiere mirar hacia otro lado en lugar de proteger a los sectores más vulnerables de nuestra patria.
Para colmo de males, la brutalidad de estos criminales no tuvo ningún límite lógico. Calculando fríamente cada movimiento, los malvivientes golpearon al padre de familia en la espalda. Querían cerciorarse de que el peligroso químico había hecho su letal efecto. Cuando las víctimas finalmente lograron despertar cerca de las cinco de la mañana, encontraron un escenario completamente desolador. Tenían la boca muy reseca, un extraño color blanquecino en los labios y un dolor de cabeza insoportable. Llamaron desesperados a las distintas fuerzas de seguridad provincial. Sin embargo, la respuesta oficial fue otra tremenda burla al sentido común. Apenas les dijeron que los graves síntomas pasarían en un par de días. Jamás les realizaron pruebas toxicológicas básicas para descartar abusos o daños permanentes en su salud.
Impunidad asombrosa y vecinos totalmente a la deriva
Semejante nivel de organización criminal requiere de una gran logística que no pasa desapercibida. Lamentablemente, quienes deberían patrullar nuestras oscuras calles parecen ignorar esta triste realidad cotidiana. Según relataron los propios vecinos asustados, la temible banda estaba compuesta por al menos cuatro individuos sumamente peligrosos. Estos operaban coordinadamente utilizando un misterioso vehículo oscuro. Uno hacía de campana en la vereda, otro esperaba al volante del auto y los restantes saqueaban la vivienda con total parsimonia. Incluso tuvieron el descaro inaudito de llevarse la bicicleta del damnificado andando lo más tranquilo. Actualmente, los bienes robados ya estarían siendo ofrecidos impunemente en las zonas cercanas a la avenida Circunvalación.
Este ataque atroz representa el tercer asalto violento en la misma manzana en menos de tres semanas. Aquellos ciudadanos que se rompen el lomo trabajando a diario viven encerrados con pánico. Terminan invirtiendo el poco dinero que les queda en rejas y cerraduras carísimas. Mientras tanto, los crueles delincuentes caminan libres por las calles burlándose de la ley. Fernando confesó entre lágrimas que el miedo les ha robado la poca libertad que les quedaba. Les impide salir a dar un simple paseo familiar por su amado barrio cordobés. Aquel calvario refleja el rotundo fracaso de un modelo de seguridad que castiga sin piedad al pueblo. Deja a miles de familias completamente desamparadas frente al feroz avance del crimen organizado.