EL ENGAÑO DE PALERMO: MILEI LE PIDE PACIENCIA AL CAMPO MIENTRAS FINANCIA LA TIMBA DE LOS MERCADOS

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En un discurso plagado de promesas abstractas y vacío de soluciones reales, el Presidente postergó la baja de retenciones y le dio la espalda a los pequeños productores. Mientras asfixia a la burguesía nacional con tarifazos, el Gobierno le exige un esfuerzo extra al sector productivo para blindar la bicicleta financiera.

La tribuna de la Exposición Rural en Palermo esperaba anuncios, pero recibió una clase teórica de paciencia. El presidente Javier Milei cerró la muestra agraria más importante del país asegurando que se han quitado “capas de estatismo”, pero dejó una certeza que heló a las bases productivas: no habrá baja ni eliminación de retenciones hasta que el “equilibrio fiscal esté blindado”.

En la traducción de la economía real, el mensaje es claro: el capital productivo argentino deberá seguir financiando el brutal ajuste del Estado. Mientras el Gobierno se apresura a garantizarle dólares y rentabilidad a la especulación de los mercados y a las entidades financieras, a los generadores de trabajo genuino —esa indispensable burguesía nacional agraria— se les pide que sigan soportando la carga impositiva en medio de una recesión autoinfligida.

Resulta paradójico, o quizás cínicamente premeditado, el modelo que se intenta instalar. A la pequeña y mediana empresa agropecuaria, aquella que reinvierte sus ganancias en sus pueblos, compra maquinaria nacional y sostiene el empleo regional, se la ahoga con tarifas de energía impagables y se le corta el acceso al crédito. Sin embargo, desde el atril, se les exige comprensión y sacrificio. Una curiosa forma de defender el capitalismo: asfixiando al que invierte en su Patria para engordar los balances de quienes solo operan planillas de cálculo desde la city porteña.

La verdadera Soberanía Económica no se construye pidiendo aplausos por un superávit ficticio logrado a costa de los jubilados y los productores. Se consolida cuando el Estado se convierte en un socio estratégico de quienes hunden el arado en la tierra y generan riqueza nacional. El discurso de Palermo no fue más que la confesión de un modelo que, en su afán por congraciarse con el capital financiero internacional, termina traicionando a las fuerzas productivas locales. La paciencia, advierten desde las bases, no es un recurso renovable.

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