Por Redacción Info del Plata
Una jornada de extrema angustia y parálisis productiva conmociona al cordón industrial del Conurbano bonaerense. Los trabajadores de una de las plantas históricas de la firma avícola Granja Tres Arroyos se encontraron con los portones encadenados, la presencia de personal de seguridad privada impidiendo el ingreso y un comunicado oficial pegado en la reja que informaba la “suspensión de actividades por razones de fuerza mayor y fallas en el suministro eléctrico”.
Sin embargo, la indignación popular estalló cuando los propios delegados de la comisión interna y referentes del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) constataron que durante la madrugada del fin de semana se ejecutó un sigiloso operativo de traslado de equipamiento, retiro de maquinaria concesionada y vaciamiento de las computadoras y archivos de la administración central.
Un vaciamiento silencioso y sin respuestas
Sin telegramas formales de despido, sin expedientes de Procedimiento Preventivo de Crisis ante la autoridad laboral y sin garantías sobre el cobro de la última quincena e indemnizaciones, cientos de operarios montaron una guardia permanente frente a los accesos fabriles.
“Nos dijeron que era un problema de tensión de luz, pero a la noche vimos salir camiones con herramientas y computadoras. Nos dejaron en la calle de un día para el otro, sin dar la cara y sin pagarnos lo que nos corresponde”, denunció uno de los delegados gremiales en la puerta del establecimiento.
El gremio de la alimentación radicó una denuncia de urgencia ante el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires solicitando la conciliación obligatoria, la constatación policial de las instalaciones y el cese de cualquier intento de desmantelamiento del patrimonio productivo.
El modelo libertario y la asfixia a la producción nacional
El caso de Granja Tres Arroyos no es un hecho aislado en la geografía del Conurbano. La combinación de tarifazos astronómicos en los servicios de energía eléctrica y gas, la caída vertical del consumo popular golpeado por salarios de hambre y la apertura irrestricta de importaciones avícolas y alimenticias está generando un estrangulamiento fatal sobre la pequeña y mediana industria y los grandes complejos procesadores nacionales.
Mientras el Gobierno nacional pregona la libre competencia y la desregulación total, las empresas ajustan por el eslabón más débil: la fuerza de trabajo. Se repite la matriz del vaciamiento de los noventa: empresas que operaron durante décadas aprovechando el mercado interno argentino bajan sus persianas de la noche a la mañana, desamparando a los trabajadores e importando insumos congelados con valor agregado extranjero.
Resistencia obrera en los portones
Frente a las rejas cerradas, la comunidad barrial, las familias de los operarios y organizaciones sindicales montaron un acampe y olla popular para evitar el vaciamiento definitivo de los insumos restantes. La consigna es clara: reapertura inmediata de la planta, preservación de los puestos de trabajo en blanco y freno al apagón industrial en la Provincia de Buenos Aires.