Por Redacción Info del Plata
Una jornada de terror absoluto sacudió a la ciudad rionegrina de Cipolletti. En pleno horario de atención comercial, una mujer de 38 años irrumpió en una tradicional panadería céntrica portando una botella plástica con combustible, se abalanzó contra la empleada de 26 años que se encontraba detrás del mostrador, la roció con nafta y accionó un encendedor para prenderle fuego de forma inmediata.
La rápida y heroica reacción de un cliente que esperaba en el local evitó una tragedia irreversible: el testigo derribó a la atacante, tomó el extintor reglamentario del comercio y sofocó las llamas que ya envolvían la vestimenta, el cabello y el torso de la trabajadora.
Cuadro médico y detención judicial
La joven agredida fue trasladada de urgencia al Hospital Pedro Moguillansky, donde los profesionales médicos constataron quemaduras de primer y segundo grado en rostro, cuello, hombros y extremidades superiores. Si bien permanece internada en la Unidad de Cuidados Intermedios con asistencia respiratoria preventiva para monitorear vías aéreas, los partes hospitalarios confirmaron que se encuentra fuera de peligro.
Por su parte, personal de la Comisaría 4ª de Cipolletti aprehendió a la atacante en el lugar y la puso a disposición del Ministerio Público Fiscal. La fiscalía le formuló cargos por homicidio en grado de tentativa, agravado por el empleo de un medio idóneo para crear un peligro común y ensañamiento, al tiempo que dispuso peritajes psiquiátricos urgentes para evaluar su imputabilidad y antecedentes de atención clínica.
El desamparo en salud mental y el ajuste libertario
Las primeras averiguaciones judiciales apuntan a un brote psicótico y a un historial de descompensaciones psiquiátricas no asistidas. Este hecho límite pone al descubierto la profunda crisis social y el desmantelamiento de las redes de contención sanitaria en las provincias.
Bajo la gestión de Javier Milei y el recorte a ultranza del gasto público, el Gobierno nacional paralizó el envío de partidas a los programas de salud comunitaria, frenó la provisión de psicofármacos esenciales y desfinanció el sistema de salud mental.
Al desmantelar los dispositivos de seguimiento territorial para exhibir solvencia fiscal, el Estado libertario abandona a personas con patologías severas a la deriva en la vía pública, exponiendo a los trabajadores y a la comunidad entera a situaciones de violencia irracional y descomposición cotidiana.