Por Redacción Info del Plata
El relato de saneamiento y normalización que la administración de Javier Milei intenta sostener en los medios de comunicación chocó contra la admisión más cruda de la propia autoridad monetaria. Durante su participación en el Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), el vicepresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Vladimir Werning, reconoció públicamente lo que la calle y el bolsillo de los trabajadores gritan a diario: la morosidad en el sistema financiero alcanzó registros críticos debido a las tasas de interés usureras y a los costos financieros desmedidos aplicados por los bancos.
Lejos de una autocrítica institucional que derive en medidas regulatorias o en el restablecimiento de topes legales a las tasas de financiamiento, la exposición del funcionario libertario consistió en una insólita súplica moral hacia los banqueros presentes, a quienes les solicitó “refinanciar las deudas a tasas más bajas para aliviar la carga de los deudores”.
Las cifras del sobreendeudamiento que el Palacio de Hacienda no puede tapar
La admisión de la cúpula del Central no hace más que legitimar lo que el último “Informe sobre Bancos” del organismo oficial venía plasmando en sus cuadros estadísticos de mayor gravedad:
- Morosidad récord en los hogares: El porcentaje de préstamos y financiamiento a familias en situación de mora o incobrabilidad trepó al 12,8%, la marca más alta registrada en las últimas dos décadas.
- Más de seis millones de rehenes financieros: Son más de seis millones de compatriotas los que hoy figuran catalogados en las categorías de deudores de difícil recuperación por atrasos en resúmenes de tarjetas de crédito, descubiertos en cuenta y préstamos personales.
- Financiarse para subsistir: Distintos relevamientos universitarios y de centros de consumo popular señalan que el 70% de esos compromisos impagos no corresponden a la compra de bienes suntuarios o inversiones patrimoniales, sino a la adquisición desesperada de comida, medicamentos para enfermedades crónicas y el pago de facturas de luz y gas desreguladas por el Ministerio de Economía.
“Reconocer ante una platea de empresarios que las tasas son impagables y que la gente está al límite, pero negarse a dictar una sola resolución para frenar el negocio financiero, es la prueba más palmaria de complicidad estatal con el despojo de los asalariados”, señalaron economistas y especialistas en defensa del consumidor.
Estado gendarme para cobrar, pero ausente para proteger
La confesión de Werning adquiere un tinte de extrema gravedad institucional si se la cruza con el paquete normativo que el mismo Banco Central puso en funciones: mientras el funcionario apela a la “buena voluntad” de los bancos en foros cerrados, la entidad monetaria ratificó el régimen de Cobro con Transferencia (CCT), que autoriza a las entidades a debitar y transferir fondos de manera compulsiva de las cajas de ahorro y cuentas sueldo de los trabajadores para cancelar cuotas atrasadas.
La dinámica del modelo económico de Javier Milei y Luis Caputo se manifiesta en toda su crudeza: desregulación salvaje para que los bancos apliquen tasas nominales y comisiones leoninas que superan con creces cualquier pauta inflacionaria, mientras se disciplina a la clase trabajadora forzándola a elegir entre comer o entregar sus haberes alimentarios a la intermediación parasitaria.
La morosidad de los argentinos no responde a una falta de cultura de pago: es la consecuencia directa de un régimen de hambre que empujó a la clase media a la usura financiera para llegar a fin de mes.