Por Redacción Info del Plata
La tranquilidad de la vida rural en el corazón productivo de la República Argentina ha sido brutalmente quebrada. Una ola de asaltos armados a mano armada contra chacras, campos familiares y estancias productivas en el interior bonaerense, el sur de Santa Fe y el sudoeste de Entre Ríos ha encendido todas las alarmas en el sector agropecuario, donde la violencia de las bandas delictivas dejó un saldo de productores golpeados, maniatados y hospitalizados.
Los hechos se multiplicaron en las últimas horas bajo una modalidad calcada: comandos integrados por varios delincuentes con armas de grueso calibre e indumentaria táctica irrumpen en las viviendas rurales durante la madrugada, reducen a las familias campesinas con extrema ferocidad y ejecutan un saqueo planificado de agroquímicos de alto valor en dólares, dinero en efectivo destinado a la operatividad de la siembra y herramientas de precisión.
La parálisis del patrullaje por el ajuste libertario
El trasfondo de esta escalada delictiva no es casualidad ni un imponderable del destino. Las propias filiales de las entidades agrarias del interior denunciaron que el recorte draconiano de partidas presupuestarias aplicado por el Ministerio de Economía de la Nación afectó de manera directa la operatividad de los destacamentos rurales:
- Falta de patrulleros y combustible: La quita de transferencias a las provincias paralizó la renovación de la flota de camionetas de la Patrulla Rural y redujo a límites mínimos los cupos de combustible para recorrer los caminos vecinales.
- Caminos liberados: Las cuadrículas rurales, que abarcan miles de hectáreas por departamento, quedaron desiertas durante la noche, convirtiendo a las chacras en blancos fáciles para el crimen organizado.
- El reclamo de las federaciones: Sociedades Rurales y delegaciones de la Federación Agraria exigieron una reunión urgente con los ministerios de seguridad provinciales para solicitar el envío de fuerzas federales y la restitución de insumos básicos para la prevención en los campos.
“Nos encontramos en una situación de vulnerabilidad absoluta. El Gobierno nacional se llena la boca hablando del campo cuando necesita liquidar divisas, pero a la hora de cuidar la vida y la herramienta de trabajo del chacarero, nos abandona en medio de la oscuridad de los caminos de tierra”, sostuvieron dirigentes rurales del norte bonaerense.
Un modelo que abandona al interior que produce
La crisis de seguridad rural pone en evidencia la profunda asimetría y el desprecio centralista del modelo libertario encabezado por Javier Milei y Patricia Bullrich. Mientras la Casa Rosada vuelca presupuestos multimillonarios y recursos de las fuerzas federales para militarizar las calles de la Capital Federal y reprimir manifestaciones de jubilados o trabajadores que piden pan, el interior profundo es condenado a la desprotección y el abandono.
El peronismo doctrinario lo dejó marcado en la historia: la verdadera riqueza de la Patria nace de la tierra trabajada con dignidad y esfuerzo. Dejar a la intemperie a las familias campesinas para cerrar un superávit contable en la City porteña no es una política de seguridad: es la condena al desarraigo, la violencia y la destrucción de la producción nacional.