Por Redacción Info del Plata
La ilusión de estabilidad financiera que el ministro Luis Caputo intenta vender en foros internacionales choca contra la pared de la aritmética más elemental. Durante el transcurso de septiembre de 2026, la Secretaría de Finanzas deberá sortear una pared de vencimientos de deuda en moneda local que supera con creces los $20 billones de pesos, concentrando en su primer test de licitación de la semana entrante una masa de compromisos por más de $8,4 billones en Letras del Tesoro (Lecap y Boncap).
La dimensión del vencimiento desnuda el verdadero mecanismo que sostiene el equilibrio cambiario del programa libertario: tras haber eliminado los pasivos remunerados del Banco Central (Pases) para traspasarlos al balance de la Tesorería nacional bajo el rótulo de “déficit cero”, el Gobierno quedó preso de un esquema de refinanciación compulsiva quincenal. Si los bancos no renuevan la totalidad del capital y los intereses devengados, esos pesos liberados presionarían de inmediato sobre las cotizaciones paralelas del dólar, que ya operan en techos nominales de $1.535.
La bicicleta para los bancos, la soga para los hogares
Para convencer a las entidades financieras de no abandonar las colocaciones del Tesoro, el Palacio de Hacienda convalida tasas efectivas que operan muy por encima de la inflación proyectada. Esta absorción masiva de fondos por parte del Estado genera una doble asfixia en la economía real:
- Seca de crédito productivo: La banca privada prefiere colocar su liquidez en los bonos soberanos de Caputo (efecto crowding-out absoluto), negando financiamiento a tasas productivas para el capital de trabajo de las PyMEs y los comercios.
- Mora crediticia familiar en récord: De acuerdo con las estadísticas de la Gerencia Financiera del BCRA, la morosidad en préstamos a familias alcanzó un pico histórico del 12,8%. Más de 6 millones de titulares de tarjetas de crédito y préstamos personales están atrapados en esquemas de refinanciación usurarios, habiéndose endeudado no para adquirir bienes durables, sino para pagar boletas de luz con topes de 200 kWh, comprar remedios y cubrir la canasta básica de alimentos.
- Costos financieros confiscatorios: Mientras el Tesoro remata billones a tasas que garantizan ganancias contables récord a la City, las tasas que los bancos cobran a los asalariados por refinanciar saldos mínimos de tarjetas superan el 150% de costo financiero total.
“El Gobierno se vanagloria de un superávit primario contable mientras esconde debajo de la alfombra el pasivo cuasifiscal del Tesoro. Están pedaleando una bola de nieve de intereses en pesos que solo se sostiene pagando tasas que destruyen a la producción y empobrecen a la clase media”, advierten economistas de centros de estudio del trabajo y el federalismo.
El ajuste al pueblo como garantía de pago a la City
La relación entre el festival de bonos de la Secretaría de Finanzas y el sufrimiento popular es directa y matemática. Para convencer a los fondos especulativos de que el Estado tendrá solvencia para devolver los $20 billones de septiembre, Caputo mantiene clavado el bono previsional de los jubilados de la mínima en miserables $70.000, retiene los giros no automáticos a las 23 provincias en un 68% real y recorta otro 10% el gasto primario mensual, sacrificando el mantenimiento vial, la compra de insumos oncológicos y las transferencias a comedores comunitarios.
La “libertad” libertaria consiste en blindar los balances de la intermediación parasitaria mientras el pueblo trabajador padece el congelamiento de sus ingresos y el ahogo en las ventanillas de cobranza bancaria.