Por Redacción Info del Plata
El laberinto financiero en el que la administración de Javier Milei y su ministro Luis Caputo encerró a la clase trabajadora argentina acaba de arrojar su cifra más dramática. Según el último informe consolidado del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la tasa de irregularidad en los préstamos a las familias trepó al 13%, marcando el nivel de morosidad crediticia más alto en los últimos quince años. El fenómeno no responde a compras suntuarias ni a gastos extraordinarios: millones de argentinos están utilizando el límite de sus tarjetas de crédito y tomando préstamos personales a tasas confiscatorias para comprar alimentos de la canasta básica y pagar facturas de luz y gas desreguladas.
La contrapartida de esta asfixia bancaria es la movilización del movimiento obrero organizado. Sindicatos estratégicos como la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA), el Sindicato de Obreros de Maestranza (SOM) y gremios de la construcción y los servicios han presentado reclamos formales ante la Secretaría de Trabajo exigiendo la inmediata fijación de un piso salarial de emergencia de $1.070.000 para las categorías iniciales, advirtiendo que los sueldos actuales empujan a los laburantes a la línea de indigencia.
La rueda del endeudamiento: trabajar para pagar intereses
El dato del BCRA es la radiografía del empobrecimiento planificado. Con paritarias pisadas por el Ministerio de Economía para evitar que los sueldos acompañen la escalada de tarifas y bienes regulados, las familias trabajadoras entraron en una espiral perversa de “revolving”: pagan el mínimo de la tarjeta de crédito a tasas que superan el 120% anual o recurren a financieras barriales para cancelar gastos corrientes de supervivencia.
El 13% de mora técnica registrado por las entidades bancarias privadas representa un salto de más de cinco puntos porcentuales en comparación con los registros de la primera mitad del año. Fuentes del sector admiten que el nivel de ejecuciones y cesación de pagos en préstamos personales se concentra principalmente en los asalariados formales del sector privado y en empleados públicos provinciales y municipales, cuyo poder de compra sufrió una evaporación histórica.
La rebelión de los básicos: Sanidad y Maestranza al frente
Frente al intento oficial de mantener congelados los salarios bajo la amenaza de recesión, las conducciones sindicales de los sectores de maestranza, sanidad y mantenimiento hospitalario endurecieron sus posiciones. Dirigentes gremiales remarcaron que es materialmente imposible subsistir en las grandes urbes con salarios que rondan entre los 500 y los 700 mil pesos, cuando un alquiler promedio supera los 350 mil y la canasta de alimentos no da respiro.
El pedido de un haber mínimo de $1.070.000 se convirtió en la línea de trinchera que divide la subsistencia de la exclusión social. Los gremios denuncian que las cámaras patronales, respaldadas por el discurso oficial, buscan licuar los convenios colectivos de trabajo apelando a la crisis económica que el propio Gobierno generó mediante la apertura desregulada de importaciones y la retracción del mercado interno.
El modelo financiero versus la dignidad del trabajo
La crisis de solvencia de los hogares argentinos pone en tela de juicio el relato triunfalista de la Casa Rosada sobre la estabilidad económica. No existe estabilidad macroeconómica sustentable si las familias no llegan al día diez de cada mes y deben entregar una porción creciente de sus ingresos a la usura bancaria para no ser desalojadas o para no quedarse sin luz.
Para el movimiento obrero y el peronismo doctrinario, la ecuación es innegociable: el salario es el motor insustituible de la economía real y la única garantía de paz social. Mientras los bancos multiplican utilidades prestando al Estado y cobrando comisiones abusivas a los deudores asfixiados, la clase trabajadora se organiza para romper el cepo salarial. El piso de $1.070.000 no es una cifra caprichosa; es el grito de resistencia de un pueblo que no acepta la servidumbre de la deuda ni el sacrificio de sus hijos en el altar de la timba financiera.