La eliminación del fondo nacional de transporte disparó los precios del pasaje en las provincias. En consecuencia, viajar a trabajar absorbe más de cincuenta mil pesos mensuales del salario familiar.
La quita total de transferencias nacionales desató una crisis terminal en el transporte urbano federal. El nuevo tarifazo del transporte en el interior empujó las tarifas mínimas por encima de los 1.600 pesos en varias provincias. En consecuencia, miles de usuarios abandonaron el servicio público por imposibilidad de pago.
El mapa tarifario muestra una brecha abismal entre la Capital Federal y las ciudades del interior. Por este motivo, los intendentes de distintas fuerzas políticas elevaron reclamos conjuntos a la Secretaría de Transporte. En localidades como Bariloche, General Roca y Santa Fe, el costo del pasaje duplica el promedio nacional.
El impacto directo sobre el salario obrero
El gasto en transporte público representa un golpe devastador para la canasta familiar básica. Un obrero que debe realizar cuatro viajes diarios gasta más de setenta mil pesos al mes. Asimismo, los sectores docentes y universitarios sufren el recorte de los boletos gratuitos provinciales.
De este modo, se produce una contracción inmediata del consumo en los comercios de cercanía. Por lo tanto, el ausentismo laboral creció de manera alarmante en las principales capitales provinciales. Además, las empresas concesionarias redujeron las frecuencias nocturnas alegando falta de rentabilidad operativa.
Un atentado directo contra el pacto federal
Por consiguiente, el Gobierno nacional profundiza un esquema unitario y centralista que ahoga a las provincias. El interior aporta las divisas del agro y la energía pero recibe castigos presupuestarios. En este sentido, la doctrina justicialista defiende el federalismo como columna vertebral del desarrollo patrio. Finalmente, las cámaras del transporte advierten que el sistema está al borde del cese total.