La tensión entre la hermana del presidente y la titular del Senado alcanzó niveles de bloqueo institucional. Desde el círculo presidencial la acusan de traición política y de bloquear designaciones en la Cámara Alta.
La disputa de poder dentro del oficialismo quebró la última apariencia de armonía institucional. La feroz pelea entre Karina Milei y Villarruel paralizó la articulación entre el Poder Ejecutivo y el Senado. En consecuencia, la titular de la Cámara Alta quedó formalmente excluida de la agenda presidencial.
Las directivas emanaron directamente del despacho de la secretaria general de la Presidencia. Por este motivo, los colaboradores presidenciales recibieron la orden de no compartir actividades con la vicepresidenta. El entorno de Balcarce 50 acusa a Villarruel de construir una estructura electoral diferenciada de cara a 2027.
Cruces por los pliegos judiciales y fondos reservados
El conflicto escaló tras las votaciones en el recinto parlamentario sobre leyes clave del Ejecutivo. La vicepresidenta tomó distancia de las designaciones promovidas por el asesor Santiago Caputo para la Corte Suprema. Asimismo, senadores alineados con Villarruel cuestionaron los decretos de fondos para inteligencia.
De este modo, la desconfianza mutua paralizó las negociaciones con los bloques opositores dialoguistas. Por lo tanto, el oficialismo pierde capacidad de fuego para aprobar proyectos económicos prioritarios. Además, los asesores libertarios lanzaron una campaña de hostigamiento digital contra la vicepresidenta.
Un gobierno fragmentado por la soberbia
Por consiguiente, el pretendido frente libertario exhibe una debilidad política insalvable ante la sociedad. Mientras los salarios pierden contra la inflación, la dirigencia oficial se desangra en vendettas palaciegas. En este sentido, la soberanía de la Nación exige liderazgos orientados al bien común y no a rencillas cortesanas. Finalmente, la crisis de gobernabilidad expone los límites estructurales del experimento libertario.