EL REY DE LA SANGRÍA FINANCIERA: EL MODELO LIBERTARIO PULVERIZÓ USD 51.000 MILLONES EN TIEMPO RÉCORD

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Mientras la economía real agoniza en la recesión, la desregulación cambiaria del gobierno de Javier Milei propició el drenaje de divisas más veloz de la historia argentina, superando la marca del macrismo. El vaciamiento que desprotege el trabajo nacional.

Por Octavio para Info del Plata

La frialdad de las estadísticas oficiales del Banco Central y el INDEC acaba de arrojar una certeza demoledora que destruye cualquier relato oficial de prosperidad: la Argentina asiste al proceso de sangría de divisas más acelerado del que se tenga registro. Bajo el dogma de la absoluta libertad de mercado y la flexibilización cambiaria, la administración de Javier Milei ya propició la salida del sistema de 51.000 millones de dólares, una cifra escalofriante que no fue a parar a industrias, ni a rutas, ni a la generación de empleo digno, sino a los engranajes de la especulación financiera global y la Formación de Activos Externos.

Este fenomenal drenaje adquiere un carácter histórico al compararse con el período de Mauricio Macri entre 2015 y 2019, recordado como uno de los ciclos de mayor fuga y endeudamiento. Sin embargo, la actual gestión libertaria ha logrado batir todos los récords de velocidad: lo que antes tomaba años de bicicleta financiera, hoy se ha consumado en un período sustancialmente más corto. Los dólares ingresados gracias a un superávit comercial generado por el desplome del consumo interno, sumados a las nuevas obligaciones financieras contraídas, se esfumaron de las reservas institucionales con una celeridad pasmosa.


La paradoja del modelo: bolsillos vacíos, cajas fuertes afuera

El stock de riqueza argentina que se encuentra fuera del circuito productivo nacional ya supera con comodidad los 400.000 millones de dólares. Lo verdaderamente alarmante de la actual etapa no es sólo el volumen, sino el mecanismo de despojo. Mientras a la clase trabajadora se le exige un sacrificio inédito bajo la promesa de una futura luz al final del túnel, la flexibilización para el giro de utilidades y la liberalización de los flujos de capital permiten que el excedente generado por el esfuerzo de la patria emigre sin dejar rastro ni beneficio social.

La contracara de este festival para los mercados financieros es el derrumbe de la Inversión Extranjera Directa (IED). Por primera vez en más de dos décadas, el saldo de la inversión real en el país es negativo. Las corporaciones multinacionales no ingresan capitales para expandir la estructura productiva; por el contrario, retiran sus operaciones del mercado interno.


Capitalismo sin Patria: el repliegue de la burguesía nacional

El corazón del problema radica en el diseño de un modelo económico que premia la especulación abstracta y castiga al que produce. Aquellos empresarios genuinos, la verdadera burguesía nacional que arriesga su capital montando una fábrica, sosteniendo un muelle o empleando a trabajadores en el suelo patrio, hoy se encuentran desamparados ante una competencia desleal y la falta de crédito productivo. Un capitalismo sin sentido nacional es simplemente un esquema de acumulación para unos pocos sofisticados de la city, a expensas de la soberanía económica del país.

La historia argentina demuestra con una enorme altura intelectual que los países no crecen exportando sus ahorros ni vaciando sus arcas públicas para financiar la timba. La justicia social y la dignidad de los sectores más humildes se construyen cuando cada dólar que entra al país se transforma en una máquina, en un puesto de trabajo y en valor agregado local. El actual experimento libertario, lejos de traer los dólares “por las orejas”, parece haber aceitado las puertas giratorias para que las divisas del pueblo argentino sigan alimentando las cuentas del exterior.

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