Por la Redacción de Info del Plata
Mauricio Macri volvió a Parque Norte. Con la excusa de los 20 años del PRO, el expresidente intentó lo que mejor sabe hacer: marcar la cancha. Pero esta vez, el escenario es distinto. El hombre que alguna vez fue el dueño absoluto de la derecha argentina hoy se encuentra en una encrucijada: relanzar un partido que parece desdibujado ante el vendaval violeta de Javier Milei.
“El PRO no viene a cuestionar el rumbo, viene a completarlo”, disparó Macri desde el atril. Una frase que suena a apoyo, pero que esconde una advertencia. El mensaje es claro: Milei tiene las ideas, pero Macri dice tener la “experiencia” y los cuadros técnicos. Sin embargo, en los pasillos de la política sabemos que 2 + 2 no siempre es 4.
El interrogante de Info del Plata: ¿A quién le suma este abrazo?
La gran duda que planteamos desde este medio es cuánto le conviene realmente a Milei este respaldo. El Presidente construye su poder sobre la base de ser “lo nuevo”, lo disruptivo. ¿Le suma o le resta pegarse a la figura de un expresidente que carga con el peso de su propia gestión?
Por el otro lado, para Macri, ser el “garante” de Milei es una jugada de alto riesgo. Si al Gobierno le va bien, el mérito será de la “fuerza del cielo”; si le va mal, Macri quedará pegado como el socio que no pudo (o no supo) enderezar el barco. Es una simbiosis extraña donde la desconfianza mutua es el motor principal.
El PRO busca no ser un “apéndice”
En su discurso de hoy, Macri fue enfático: “No somos un apéndice de nadie”. Pero la realidad golpea: Karina Milei ya está armando sus propias listas para el 2027 en los bastiones amarillos. Mientras el expresidente habla de “completar el cambio”, el oficialismo le birla los legisladores y le vacía las segundas líneas.
En definitiva, lo de Parque Norte fue un intento de supervivencia. Un Macri que se ofrece como solución ante un gobierno que, según sus propias palabras, “está demoliendo, pero ahora necesita construir”. El problema es que, en política, cuando uno se ofrece demasiado, suele ser porque ya no tiene el poder de antes.