El relato de la supuesta recuperación económica en forma de “V” quedó definitivamente pulverizado por la contundencia de las estadísticas oficiales. El informe sobre Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria (UCII), difundido por el INDEC, arrojó que las plantas manufactureras de la Argentina operan con un promedio de apenas el 58% de su potencial técnico. En paralelo, el Índice de Producción Industrial (IPI) acusó un nuevo retroceso del 5% mensual desestacionalizado, encadenando un ciclo de contracción que arrastra a todos los eslabones de valor.
La parálisis es especialmente dramática en los sectores que generan mayor valor agregado y empleo de calidad:
- Metalmecánica (excluyendo automotriz): opera por debajo del 46% de su capacidad.
- Industria automotriz y autopartista: acumula caídas de dos dígitos con suspensiones rotativas de turnos completos.
- Industria textil y del calzado: apenas supera el 42% de uso de instalaciones, aplastada por la competencia desleal de importaciones promovidas desde el Estado.
- Materiales de construcción y minerales no metálicos: congelados tras el freno total a la obra pública federal.
El mecanismo de la asfixia: costos en alza y bolsillos vacíos
Este derrumbe productivo no responde a factores estacionales fortuitos, sino al diseño deliberado de la política macroeconómica. Por un lado, la desregulación de las tarifas energéticas impuso incrementos siderales en las facturas de gas y electricidad para la industria mayorista, tornando inviable la operación de hornos, matrices y cadenas de montaje. Por el otro, la licuación programada de jubilaciones, pensiones y salarios de convenio pulverizó la demanda agregada: los depósitos están colmados de stock invendido porque las familias argentinas se ven obligadas a destinar todos sus ingresos a la compra elemental de comida y pago de servicios.
A este cuadro se añade la quita de aranceles y la flexibilización de permisos para la importación indiscriminada de productos terminados, que ingresan a precios de saldo fabricados bajo condiciones de subsidio en el exterior. Frente a este abandono institucional, los industriales pymes se encuentran atrapados entre costos dolarizados y ventas por el suelo, obligados a desarmar turnos nocturnos, suspender personal y paralizar inversiones de capital.
El peligro de un daño estructural irreversible
Cuando una máquina se detiene y se oxida, el proceso de reconversión o reactivación cuesta años de acumulación de saberes técnicos e inversión. El vaciamiento de la matriz industrial no solo genera desocupación abierta en los cordones urbanos; rompe las cadenas de proveedores locales y diluye el conocimiento técnico de generaciones de obreros y técnicos especializados formados en el país.
La gestión económica nacional desoye los llamados de alerta emitidos por las cámaras fabriles y continúa privilegiando la bicicleta financiera y los enclaves extractivos sin procesamiento local. Una Argentina con la industria operando a media máquina es un país sin proyecto de futuro, vulnerable al chantaje externo y condenado a una fractura social sin precedentes.