Un viajero fueguino recorrió más de 1.300 kilómetros para conocer Caleta Tortel, una localidad chilena donde no circulan automóviles y la vida cotidiana transcurre sobre kilómetros de pasarelas de madera.
En uno de los rincones más impactantes de la Patagonia se encuentra Caleta Tortel, un pueblo sin calles donde los vecinos caminan por pasarelas construidas entre montañas, bosques y fiordos. Hasta allí llegó el argentino Nicolás Mauciere, quien abandonó un empleo de dos décadas para recorrer lugares poco conocidos y mostrar una forma de vida que parece detenida en el tiempo.
La localidad está ubicada en la Patagonia chilena y sorprende desde el primer momento. Los automóviles deben permanecer en un estacionamiento situado en la zona alta, ya que todo el casco urbano se recorre a pie. Desde ese punto, visitantes y habitantes descienden por escaleras y caminos de madera mientras cargan bolsos, mercadería y cada elemento necesario para su vida cotidiana.
Nicolás tiene 37 años, vive en Río Grande y durante veinte años trabajó en una empresa electrónica. Sin embargo, en diciembre de 2025 tomó una decisión que cambió su historia: renunció a la estabilidad laboral para dedicarse a recorrer la Patagonia, producir contenidos y descubrir comunidades alejadas de los grandes centros turísticos.
OCHO KILÓMETROS DE PASARELAS EN LUGAR DE CALLES
Caleta Tortel posee una red de aproximadamente ocho kilómetros de pasarelas de madera que conecta viviendas, comercios, alojamientos, oficinas públicas y espacios comunitarios. Estas estructuras fueron construidas principalmente con ciprés de las Guaitecas, una madera característica de la región.
El pueblo sin calles tampoco cuenta con direcciones tradicionales. Las casas se identifican mediante números y los propios vecinos conocen la ubicación de cada familia. A diferencia de las grandes ciudades, donde muchas veces ni siquiera se sabe quién vive al lado, en este rincón patagónico la organización depende del conocimiento compartido y de la solidaridad entre sus habitantes.
Cuando una familia debe realizar una mudanza, trasladar un mueble o cargar un electrodoméstico, la colaboración comunitaria se vuelve indispensable. No existe la posibilidad de estacionar frente a una vivienda ni de descargar las compras desde el baúl de un automóvil. Todo debe transportarse caminando por las pasarelas.
Esa realidad demuestra que todavía existen pueblos donde el individualismo no logró destruir los vínculos sociales. Frente a un modelo moderno que impulsa el aislamiento y convierte cada necesidad en un negocio, Caleta Tortel conserva la cultura del esfuerzo, el trabajo colectivo y la ayuda entre vecinos.
SILENCIO TOTAL Y NOCHES EN COMPLETA OSCURIDAD
Uno de los aspectos que más sorprendió al viajero argentino fue la ausencia de motores, bocinas y tránsito. Durante el día solamente se escuchan el viento, la lluvia, las conversaciones de los habitantes y el movimiento del agua contra la costa.
Al caer la noche, el paisaje cambia por completo. Muchas pasarelas no tienen iluminación pública, por lo que resulta necesario utilizar una linterna para desplazarse. Nicolás vivió esa experiencia cuando un vecino lo invitó a cenar y debió guiarse por pequeñas señales de luz en medio de la oscuridad.
El camino nocturno, rodeado por embarcaciones, bosques y fiordos, produjo una imagen casi cinematográfica. Cada curva revelaba una nueva postal, mientras las luces encendidas de las viviendas aparecían como los únicos puntos de referencia en la montaña.
Lejos del ruido permanente de las ciudades, la vida en Caleta Tortel mantiene otro ritmo. Allí el silencio no representa abandono, sino una forma diferente de relacionarse con el ambiente y con el tiempo.
UN VIAJE EXTREMO POR LA CARRETERA AUSTRAL
Para llegar a este tesoro escondido, Nicolás cruzó desde Santa Cruz hacia Chile por el paso Jeinimeni, cercano a Los Antiguos. Luego recorrió distintos sectores de la Carretera Austral, atravesando zonas de ripio, montañas y paisajes de enorme belleza natural.
El trayecto incluyó paradas en Río Tranquilo, Cochrane y otros puntos intermedios. Después de aproximadamente cinco días de viaje, finalmente alcanzó el pueblo que había conocido gracias a la recomendación de otro viajero.
La ciudad más cercana es Cochrane, situada a unos 125 kilómetros. Aunque la distancia no parece excesiva, el recorrido puede demandar cerca de cuatro horas debido al estado del camino y a las características geográficas de la región.
Este aislamiento obliga a organizar cuidadosamente el abastecimiento. Buena parte de los productos llega por vía marítima, mientras los comercios locales funcionan en una escala reducida y adaptada a una comunidad de alrededor de 500 habitantes.
FIORDOS, GLACIARES Y UNA HISTORIA QUE RESISTE
Caleta Tortel se encuentra entre los Campos de Hielo Norte y Sur, una ubicación privilegiada que la rodea de glaciares, lagunas, bosques y canales patagónicos. Desde el puerto parten pequeñas embarcaciones que realizan excursiones hacia diferentes puntos de interés.
Uno de los sitios más conocidos es la Isla de los Muertos, vinculada con la historia de los primeros trabajadores y pobladores de la zona. También pueden visitarse sectores próximos a los campos de hielo y lagunas alimentadas por glaciares.
La localidad cuenta con una oficina de turismo, municipalidad, sala de primeros auxilios, comisaría, un pequeño banco y comercios familiares. Además, dispone de restaurantes, cabañas, una hostería y sectores de camping para recibir a quienes desean permanecer varios días.
Fundado en 1955, el pueblo desarrolló inicialmente su economía alrededor de la extracción del ciprés. Con el paso del tiempo, su particular arquitectura y su entorno natural lo transformaron en uno de los destinos más singulares de la Patagonia.
DEJÓ UN EMPLEO DE VEINTE AÑOS PARA PERSEGUIR SU SUEÑO
La historia del viajero argentino también representa una ruptura con la idea de que una persona debe permanecer toda su vida dentro de un trabajo que ya no la hace feliz. Nicolás había estudiado Hotelería y Turismo, y aprovechaba sus vacaciones para realizar extensos recorridos por la región.
Cada viaje aumentaba sus deseos de continuar explorando. Después de pasar cuarenta o cincuenta días en la ruta, regresar a la rutina se volvía cada vez más difícil. Finalmente, decidió apostar por un proyecto propio vinculado con el turismo, la producción audiovisual y la difusión de los paisajes patagónicos.
Actualmente muestra pueblos pequeños, caminos secundarios, playas escondidas, lagos remotos y comunidades que suelen quedar fuera de los circuitos comerciales. También desarrolla productos inspirados en los destinos que visita y trabaja junto con auspiciantes relacionados con la actividad turística.
Caleta Tortel ocupa un lugar especial dentro de su recorrido. No solamente por su belleza, sino porque demuestra que existe otra manera de organizar la vida, donde el automóvil no domina el paisaje y la comunidad continúa siendo fundamental.
En tiempos marcados por la velocidad, el consumo y la pérdida de los vínculos humanos, este pueblo sin calles conserva una enseñanza poderosa. Entre pasarelas, lluvia y montañas, sus habitantes protegen una riqueza que no puede medirse en dinero: la convivencia, la solidaridad y el respeto por la naturaleza.