En una Zona Norte liberada por el ajuste de Milei y la desidia oficial, una banda de delincuentes simulaba operativos policiales para saquear a los laburantes. Hay seis detenidos, pero la inseguridad que genera el hambre no se detiene.
Mientras el Gobierno Nacional se llena la boca hablando de “libertad” y “orden” desde sus cómodos despachos en Capital, en el barro del Conurbano la realidad te pega un cachetazo. Esta mañana, la Policía de la Provincia de Buenos Aires logró desbaratar a una peligrosa organización criminal que hacía de las suyas en Tigre y Malvinas Argentinas, aprovechándose del miedo de la gente a las fuerzas de seguridad en tiempos de represión desmedida.
La modalidad era tan cínica como efectiva: se disfrazaban de policías. Con chalecos antibalas, gorras oficiales y armas largas, estos malvivientes entraban a las casas de los vecinos al grito de “¡Allanamiento!”, para terminar llevándose hasta el último peso de familias que ya no llegan a fin de mes por los tarifazos y la inflación galopante.
Una logística de película para un pueblo que sufre
La investigación, a cargo del fiscal José Amallo (UFI Don Torcuato), duró dos meses de pura tensión. Según pudo saber InfoDelPlata, la banda no improvisaba. Hacían inteligencia previa, vigilaban a sus víctimas y caían con una estructura casi militar.
¿El resultado? Una seguidilla de golpes que demuestran que, cuando el Estado nacional retira la asistencia y solo promueve el sálvese quien pueda, el delito florece:
- Noviembre 2025: Asaltaron la imprenta Madygraf en Garín, una cooperativa de laburantes que resiste los embates económicos.
- Enero y Febrero 2026: Atacaron en Tigre y Don Torcuato, ensañándose incluso con un pibe de 18 años.
“Entraron gritando que eran de la DDI. Uno les cree porque ahora te allanan por cualquier cosa, pero estos eran chorros con uniforme”, relató una de las víctimas, todavía temblando por el recuerdo.
Los rostros del delito en la era del ajuste
Tras una serie de allanamientos que recordaron a las épocas más oscuras, cayeron los seis integrantes. El cabecilla fue identificado como Julio Esteban Baldes, de 58 años, quien lideraba a un grupo compuesto por jóvenes que, en lugar de estar estudiando o trabajando con dignidad, terminan siendo carne de cañón del sistema delictivo.
Junto a Baldes, fueron esposados:
- Federico Mario Nahuel Baldes González (31)
- Ana Laura Umbidez (30)
- Giménez Nicolás (39)
- Gabriel Emiliano Gavilán Herrera (28)
- Luciano Matías Colayago (33)
El botín de la mentira
En las guaridas de la banda, la Bonaerense secuestró de todo: un Volkswagen Fox, fundas de chalecos, guita (que ya no vale nada gracias a la devaluación), celulares y el vestuario completo para simular ser agentes de la ley.