¡ESCÁNDALO EN LA TERMINAL! MIENTRAS EL GOBIERNO MIRA PARA OTRO LADO, UNA BOLETERA VACIABA CUENTAS PARA SOBREVIVIR AL AJUSTE

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La “viuda negra” de los pasajes: con la venia de un Estado ausente que destruyó el bolsillo de los argentinos, una empleada de una conocida empresa de micros usaba los datos de los laburantes para darse lujos mientras los abuelos no llegan a fin de mes. ¡Una locura total!


En la Argentina del “no hay plata” para los jubilados pero sí para la timba financiera, el hambre agudiza el ingenio delictivo. En un operativo que dejó a todos con la boca abierta, la Policía del Chaco detuvo a una empleada de la empresa “20 de Junio” en la terminal de Sáenz Peña. ¿El cargo? Robarle a la gente de a pie. Mientras el Gobierno nacional pregona la “libertad” de mercado, en la calle esa libertad se traduce en el sálvese quien pueda. La detenida, una mujer de 45 años identificada como E. P. D. G., no tuvo mejor idea que aprovecharse de la buena fe de los pasajeros que, con un esfuerzo sobrehumano, apenas pueden pagar un pasaje en medio de los tarifazos salvajes que autoriza la gestión actual.

El “curro” de los plásticos: la estafa del millón

Todo saltó cuando los consumos en las tarjetas de los clientes empezaron a volar por las nubes. Una mujer de 31 años, asfixiada por la inflación galopante, descubrió horrorizada que le habían “chupado” más de $1.100.000 en consumos que jamás autorizó. Pero no fue la única víctima de este sistema perverso.

Un jubilado de 62 años —esos mismos a los que el Gobierno les niega un bono digno— relató el calvario: la boletera le retuvo la tarjeta bajo el verso de “problemas técnicos” y, minutos después, le enchufó gastos por casi un millón y medio de pesos.

“Es el reflejo de la descomposición social que vivimos. Cuando el Estado se retira y solo importa la rentabilidad, los controles desaparecen y el ciudadano queda regalado”, señalaron fuentes cercanas a la investigación que no pueden creer la impunidad con la que se manejaba la estafadora.

El cuaderno de la corrupción

Al momento de la detención, la División Investigaciones Complejas se encontró con una escena dantesca: la mujer tenía un “cuadernito de la corrupción” (¿les suena?) donde anotaba minuciosamente números de tarjetas, códigos de seguridad y vencimientos de cada laburante que pasaba por su ventanilla.

Lo más indignante es que la mujer ya tenía antecedentes por hechos similares. Pero claro, en este país donde la justicia parece mirar para otro lado mientras el pueblo sufre el ajuste, la señora seguía en su puesto, manejando dinero ajeno como si fuera propio.

Un país a la deriva

Mientras el oficialismo sigue celebrando números macroeconómicos que nadie ve en el supermercado, en las terminales del interior profundo la realidad golpea de frente. La falta de regulación en las empresas de transporte, sumada a la desesperación por la crisis económica, genera el caldo de cultivo perfecto para estos delincuentes de guante blanco —o de ventanilla de micro—.

La causa quedó en manos del fiscal César Collado, bajo la carátula de supuestas estafas reiteradas. Pero la pregunta que queda flotando en el aire es: ¿quién le devuelve la plata y la tranquilidad a estos argentinos estafados en un sistema que los expulsa cada día más?

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